tribuna

Mientras se deconstruye el Estado

En apenas meses, tras la moción de censura a Rajoy, asistimos a una deconstrucción del Estado español. Del Estado español que conocíamos desde 1978. El asunto catalán y sus triquiñuelas, el Acuarius y el efecto llamada inmigratorio, la UCO desmantelada, el último suspiro monárquico, PNV y Bildu confederando por su lado, el retorno a los […]

En apenas meses, tras la moción de censura a Rajoy, asistimos a una deconstrucción del Estado español. Del Estado español que conocíamos desde 1978. El asunto catalán y sus triquiñuelas, el Acuarius y el efecto llamada inmigratorio, la UCO desmantelada, el último suspiro monárquico, PNV y Bildu confederando por su lado, el retorno a los huesos de Franco, el CIS versión José Félix Tezanos y sus malabarismos, todos son síntomas de que el PSOE quiere deconstruir lo edificado en la Constitución de 1978 y definir una nueva España. ¡Que le vaya bien!

Lo del franquismo es curioso. Los que vivimos esos años sabemos que los socialistas no movieron un músculo contra el dictador, esa oposición la ejerció un Partido Comunista que los tiempos se han comido dejando como testigo triste y mediocre una mínima referencia que se llama Garzón, o algo así.

Yo no sé quién acabará antes con la España de los Reyes Católicos, si el policía-delincuente -no es el primero- Villarejo, o el tal Sánchez Pérez-Castejón. Tampoco me importa mucho. Pero es triste comprobar que dos personalidades tan subalternas hayan adquirido tal grado de destrucción masiva.

Estos días he escrito por ahí que el profesor y ensayista Antonio Escohotado nos ha recordado en fechas recientes que España es el país más antiguo de Europa, pero también el peor avenido. No hay manera de coordinar los viejos reinos y los condados anteriores a 1492, cuando los castellanos de la ya fallecida Isabel la Católica llamaban extranjeros a los aragoneses del regente Fernando. Una trifulca de siglos que sigue viva. Quizá esa haya sido la inteligencia de Pedro Sánchez al derribar a Mariano Rajoy: los viejos reinos se han cobrado parte de la historia perdida.

Pero, claro, desde Canarias uno observa ese desmantelamiento del Estado con muchas preocupaciones. Pues nuestro futuro político se llama Estatuto de Autonomía, o sea, contrato con ese Estado, y artículo 349 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, o sea, contrato con esa estructura supraestatal cuya salud también se resiente. Y ¿qué pasa si ese Estado se esfuma por mor de tantas insistencias por hacerlo desaparecer?

Pues quizá ocurra lo que ya Nicolás Estévanez proclamó el 9 de diciembre de 1900, post debacle imperial definitiva de 1898, en el homenaje que la colonia canaria en Madrid le tributó a Benito Pérez Galdós, con motivo de la publicación de las Bodas Reales, la tercera serie de los Episodios Nacionales, del gran novelista. En el cruce de discursos de esa velada gastronómica, mientras don Benito hablaba con preocupación de esa “España [que] sufre pesadillas, en las cuales sueña que la despojan, que la mutilan y amputan horrorosamente”, don Nicolás contestaba con contundencia: “Si algún día desaparecieran las fronteras y las nacionalidades, solo entonces dejaríamos de ser españoles, pero ni aun entonces dejaríamos de ser canarios…”.

Las llamadas nacionalidades históricas españolas, hablemos de Cataluña y de Euskadi, en primer término, suelen olvidarse de que Canarias, en caso de desgajarse del Estado, no tendría las dificultades que ellas presentarían en el ámbito internacional, como lo está experimentando en propia carne Cataluña en estos momentos. A nosotros nos basta con presentar nuestra carta de descolonización en Naciones Unidas. Y en eso tenía mucha razón Antonio Cubillo Ferreira, a pesar de sus desafueros políticos.

Desafueros en el sentido de que un nacionalista que se precie de tal nunca plantearía ese proceso sin el respaldo de nuestro pueblo. Las cosas como son.

Pero resulta grotesco que vascos, catalanes, a veces los gallegos, hablen de sus nacionalidades históricas sin referirse para nada a los derechos de los canarios a ser nosotros mismos, a gobernarnos y a legislarnos por nosotros mismos.

Más que hablar de lo conseguido en el inminente nuevo Estatuto de Autonomía de Canarias, más que hablar de la aprobación cercana del REF económico y de la desvinculación de sus recursos de la financiación autonómica general, más que hablar de lo conseguido en la ahora cuestionada Agenda Canaria, los nacionalistas canarios tendríamos que recordarle al Estado español y a los nacionalismos subestatales españoles, llámense vascos o catalanes, que nosotros somos el último bastión del viejo imperio español y si estamos en la estructura de ese Estado es porque en 1812, con un papel estelar de nuestro diputado gomero Antonio José Ruiz de Padrón, y en 1978, fuimos tratados en esas constituciones respectivas con el mínimo respeto que nos merecíamos, aunque en 1982 tuviéramos que suplementar la autonomía concedida con una Ley Orgánica de Transferencias Complementarias a Canarias para podernos acercar a lo logrado por las llamadas autonomías históricas. Pero igual que estamos, nos vamos. Estévanez siempre presente.

*PRESIDENTE DEL PARTIDO NACIONALISTA CANARIO (PNC) Y DIPUTADO POR CC-PNC EN EL PARLAMENTO DE CANARIAS