
Lo del estanque de la Catedral de La Laguna va camino de convertirse en uno de los culebrones del verano. Les ponemos en antecedentes: el miércoles advertimos de que las larvas de los mosquitos, donde antiguamente estaban los patos, eran un foco de infección. El Ayuntamiento no se anduvo con chiquitas y recurrió al muerto el perro, se acabó la rabia y vació el estanque, olvidándose de las plantas acuáticas. Ayer, tras volverlo a advertir desde estas páginas, procedió al llenado a toda prisa y resulta que el cloro del agua de abasto mantiene a los peces boqueando ante la falta de oxígeno… ¿Qué será lo próximo?
