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Positano

Les dije el lunes pasado, en otra sección del periódico, que iba a hablarles de Positano. Es una localidad de unos 4.000 habitantes, situada en el golfo de Salerno

Les dije el lunes pasado, en otra sección del periódico, que iba a hablarles de Positano. Es una localidad de unos 4.000 habitantes, situada en el golfo de Salerno; no es más que una bella roca muy poblada, pero más bonita que Gibraltar, con un paseo peatonal cuyas tiendas cuestan un potosí y una playa en la que hasta yo, que le tengo miedo al mar, me bañaría. Ahí vivió González-Ruano, huyendo de la guerra de España y hasta que lo mandaron a Berlín de corresponsal de ABC, me parece. Fui tras sus huellas, pues conocida es mi devoción por ese escritor, sobre todo gran periodista de todos los días. La Costa Amalfitana italiana, colindante con Sorrento, es preciosa, azul, verde y calmada. Está Positano a sólo unos cincuenta kilómetros de Nápoles, pero se tarda hora y media en coche porque el tráfico es peor que el del puerto de Nápoles, que bate récords mundiales de retenciones, sobre todo en los días en que salen los ferris para las grandes islas de Italia. A mi pregunta a un amigo de que por qué Italia no ha sufrido atentados yihadistas, la respuesta fue clara: “Por la Mafia; la Mafia les ha dicho que si a alguno de ellos se les ocurre poner una bomba irían desapareciendo, uno a uno, todos los miembros de su familia; y, al final, el propio autor material”. Cuando le digo a mi conductor si la Ndrangheta, que es la Mafia calabresa, la Mafia napolitana o la Mafia siciliana serían capaces de ello, me responde: “No lo dude usted, señor; su poder se mantiene intacto. Este mismo taxi es suyo” (de la de Nápoles). Fui a Positano muy seguro, pues, de mi escolta y subí, no sin esfuerzo, aquel paseo peatonal tan rico. A la hora convenida, el hombre estaba allí.

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