El guineano Emmanuel Emenike, de profesión jugador de fútbol, es también un reputado dandi. Hasta el punto de que conquistó el amor de Miss Nigeria 2013 y, no contento con ella, también enamoró a Miss Nigeria 2014, con quien igualmente se casó. Ella se llama Iheoma Mannadi y se enamoró locamente del jugador, que perteneció a la U.D. Las Palmas, probablemente sin sospechar que el tipo estuvo conviviendo con ambas misses durante dos años. O a lo mejor lo sabía, que hay personas muy liberales y tolerantes, de lo que un servidor se congratula, poco aficionado como es uno a los rigores del matrimonio tradicional. Emmanuel, más que un futbolista, es un gallo, con todas las de la ley. En fin, el fútbol y sus leyendas. Me estaba acordando el otro día de un partido entre el Puerto Cruz y el Interián, un día de invierno, pero de perros, con lluvia y viento helado en el campo del Peñón portuense. Mi padre ejercía como presidente del C.D. Puerto Cruz entonces y la goleada era de escándalo, a favor del equipo local. Le dio tanta pena del portero del Interián que a cada momento mi padre -se jugaba siempre en su área- le daba al meta, a través de la red de la portería, una copita de coñac. Fue tanto el combustible que libó el meta que este salía a cazar moscas, en vez de balones, en medio de una fenomenal melopea. Al final le cayeron ocho o diez goles, pero el hombre se lo pasó pipa y terminó saludando a la grada como un triunfador, grada que se partía de risa con los paradones de aquel personaje, sin tocar un solo balón. Cuando le pregunté a mi padre el porqué de su continuado brindis, me respondió: “Él me pedía el coñac; el pobre estuvo tiritando todo el partido”. Cosas del fútbol.
NOTICIAS RELACIONADAS
