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Que no se vaya agosto

Quizá por primera vez en mi vida experimento lo que es realmente el dolce far niente; es decir, el no hacer nada

Quizá por primera vez en mi vida experimento lo que es realmente el dolce far niente; es decir, el no hacer nada. Esto de la jubilación es, definitivamente, muy cómodo. Pero no quiero que se vaya agosto, que es un mes en donde no hay nadie en ninguna parte, sino en los aeropuertos. Si quieres encontrar a quien buscas tienes que ir a un aeropuerto, que es el sitio al que se ha mudado la población para pasarlo mal: colas, retrasos, pérdidas de maletas, controles, un caos. Agosto es el peor mes para irse de vacaciones y el mejor para quedarse en casa. Yo, cuando paseo por el Puerto con mi perrita, me fijo en la gente que ha elegido este destino para pasar agosto, comprar loros de fieltro que acaban colgados del pomo de una puerta y bañarse en el Lago de Martiánez, eternamente deficitario. Ni siquiera hay mucho de qué escribir y los digitales sólo hablan del máster de Casado, como si a Begoña Gómez no la hubieran enchufado en el IE; si llega a ser por TVE no nos hubiéramos enterado de lo de Bego. Ya ha empezado a actuar el socialismo subterráneo en la cadena pública. No se preocupen, tiene fecha de caducidad porque, a este paso, Sánchez no ganará las próximas elecciones, sean cuando sean. Ya Rajoy ha pedido sus prebendas de ex presidente. Hace bien, ¿por qué los demás sí y él no? Rajoy será registrador de Madrid, o ya lo es, abandonando Santa Pola, que está muy lejos para ir a comer. Y aquí en Canarias hay asuntos pendientes del PP, que ya sabe Casado. También hay asuntos de currículos. Las elecciones, sin embargo, no las ganan los currículos; se trata de un pueblo olvidadizo y poco culto que no da valor a estas cosas. No crean en pajaritos preñados.

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