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Vehemente defensa del Muñeco de Nieve

Lamento que 8.000 ciudadanos, escasamente o nada sensibles, hayan votado a la del Muñeco de Nieve como una de las veinte rotondas más feas de España

Lamento que 8.000 ciudadanos, escasamente o nada sensibles, hayan votado a la del Muñeco de Nieve como una de las veinte rotondas más feas de España. Este es un monumento inteligente a la contradicción: un muñeco de nieve en la isla del sol, como una forma de protestar por el clima o de tomarle el pelo a la climatología. En todo caso, una obra para mí genial del no menos genial Jiri Georg Dokoupil, el pintor de origen checo y ahora alemán que residió entre nosotros. Hoy imparte clases en universidades de medio mundo y su pintura se cuelga en los mejores museos. Tengo dos taxis en miniatura que me regaló un amigo, pintados por Dokoupil, y que iban a ser el modelo de los taxis de Santa Cruz, en los tiempos de Miguel Zerolo. Lamentablemente, la idea no cuajó. Dokoupil, cuando hace esculturas, también rompe. La del Muñeco de Nieve de la rotonda famosa es preciosa, lo que pasa es que aquí, en esta tierra de magos y de gañanes, lo bello no gusta. El muñeco de Dokoupil llama la atención a cualquier persona culta y a mí me gustaría que se organizaran excursiones entre los turistas sensibles para visitarla. Hago una vehemente defensa del Muñeco de Nieve y de su autor, que nos pintó uno de los mejores carteles de nuestro Carnaval chicharrero. Dokoupil, miembro de la escuela neoexpresionista, es un artista lleno de matices, audaz, con un sentido extraño de la estética, pero indudablemente un esteta. Santa Cruz tiene la suerte de contar entre su patrimonio con esta escultura, situada en un montículo, camino del sur y camino del norte, no me acuerdo si con su nariz de zanahoria mirando al Teide, de donde el muñeco bajó buscando el sol, pero sin derretirse. Quienes votaron en contra de la rotonda (por la escultura) deberían sentirse avergonzados. Igual que quien ordenó derribar el edificio de Perrault.

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