otras coordenadas

Verano indio (2)

En el verano el tiempo se detiene. Nos vamos al pueblo donde nos encontramos con el pasado. Nos miramos al propio espejo. Campo y playa, dos paisajes antiurbanos de una sociedad que se aprieta en la ciudad. Lugar de reflexión, desde la distancia y quietud de nuestro “verano indio”. Zygmunt Bauman cita en Modernidad Líquida dos distopías del siglo XX, para describir la evolución de las actuales sociedades. Un mundo feliz, de Aldous Huxley, obra de 1932, en el periodo de las entreguerras de Europa, y 1984, de Georges Orwell, de 1949, en la posguerra mundial de los extremos. Coinciden ambos en describir sociedades estamentales de “controladores y controlados”, donde sus sociedades civiles se han derrumbado, frágiles, vulnerables, transitorias y precarias. Donde los vínculos entre lo individual y lo colectivo han desaparecido. Se disuelve la familia, la clase social y el vecindario. La mayoría sedentaria es gobernada por una élite nómada y desconectada.
La pasada semana señalamos dos conflictos de las culturas de frontera, la religión-ideología y el modelo económico. Hoy aparece diluida la unidad del Estado-nación español, representado en su jefatura de Estado y territorio. Consecuencia de la dilución del actual grupo de gobierno, con las fuerzas opuestas al mismo. Se rompen las fronteras al interno y hacia Europa, soberana del cordón aduanero externo y de la seguridad Schengen entre Estados de Europa. La virtualidad de las fronteras es hoy el primer problema de Europa ante la inmigración descontrolada. El islam no se puede integrar, al no reconocer los valores de las democracias liberales. El desplome demográfico de Europa precisa un claro impulso, selectivo y al interno de los países miembros. Un Plan Marshall para África, se tropieza con la dificultad de sus Estados fallidos, por lo que hay que renovar sus soluciones.

En la dilución de los mecanismos que limitan ahora la libertad en España situamos la televisión y el CIS, con sus encuestas. Con ellos se construye una opinión publicada, que modifica la pública. Sostenida por políticos, tertulianos y periodistas, que algunos califican hoy de enemigos del pueblo. Las derivas populistas son consecuencia de la dilución de las fronteras y valores democráticos. La socialdemocracia regresa sin proyecto y subiendo los impuestos, que en cualquier combinación siempre paga la clase media.

Nuestras sociedades se componen de políticos, funcionarios y ciudadanos. Estos últimos parasitados por los otros dos. La opción de subir impuestos, les ofrece la ventaja de limitar nuestra libertad y concentrar sus márgenes en la sociedad subsidiada que les vota. Esta mayoría sedentaria les permite seguir invadiendo las esferas privadas. Deslegitiman y distancian a la clase política, impulsando los populismos.

Se disuelven los límites de las ideologías y la economía. Soportadas en dos tensiones, la economía entre lo público y lo privado. Y la ideología repartida entre conservadores, liberales y socialistas. La combinación de estas fuerzas sitúa las opciones. Sánchez como Zapatero, en el socialismo de izquierda antinacional. Ribera liberal de izquierda. Casado, liberal de derechas como Aznar. En los flancos de izquierda y derecha que viene, populismos. Desde la distancia del verano indio, vemos el espectáculo de la dilución de Cataluña, solo reversible ya con un 155 con contenido. Para recuperar la Constitución Española disuelta. Esto es, la soberanía, la unidad, el idioma, la bandera, la escuela y libertad, justicia e igualdad ante la ley. Recomponer la deslealtad de los nacionalismos, disuelta en el sistema electoral y los cupos.

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