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Y ahora coloca a su mujer

Siempre he dicho que los socialistas, en general, no tienen vergüenza. Todo lo que reprueban a los demás lo hacen ellos. Y no se cortan un pelo. Ahora, Pedro Sánchez ha colocado a su mujer, Begoña Gómez, en el Instituto de Empresa, que es un organismo privado dedicado a la enseñanza, mayoritariamente, pero que recibe cuantiosos fondos públicos. La contrata para su expansión en África. Mientras la esposa de Zapatero se dedicó a desafinar en un coro, alejada del poder, la de Aznar fue colocada de concejal -luego alcaldesa- de Madrid, pero la de Rajoy mantuvo un comportamiento exquisito, apartada de enchufes y de política. Toda una señora. Esta no, esta quería crecer y su marido ya la ha colocado para los restos; para los restos de la legislatura, quiero decir. Hombre, al Instituto de Empresa le interesa que cuando Bego llame, los políticos del PSOE se le pongan al teléfono. Si Pablo Casado hubiera colocado a su esposa, ya los sociatas estarían hablando de cohecho impropio, como en el máster dichoso. Pedro Sánchez, pues, ha hecho una pausa en su ímprobo esfuerzo por resucitar al franquismo y a la Falange Española para colocar a su mujer. Fantástico. Los pelotas aplaudirán y dirán que es que la chica vale. Y el PP seguirá con su impropio -este sí que es impropio- silencio. Ciudadanos parece haber desaparecido y se escuchará un tímido grito lejano de Podemos, que después de lo del chalé de su jefe se ha quedado afónico. Esto no tiene remedio, queridos amigos, esto está más muerto que vivo. Pero no se preocupen: Pedro Sánchez pagará cualquier peaje con tal de pisar la nueva moqueta de La Moncloa que la propia Begoña ha elegido. El mundo es de ellas. ¿Es que acaso ustedes lo dudaban? Yo, no.

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