Tienen los franceses siempre a mano una expresión que, atribuida a Diderot por La paradoja del comediante, puede ayudar a comprender las razones del frío polar que está congelando las relaciones Canarias-Estado. El espíritu de la escalera, le dicen -dicho por ellos, l´esprit de l´escalier-. Describe, entre otras situaciones, el estado de frustración que cualquiera puede sentir cuando no tiene u obtiene respuestas que expliquen qué está pasando para que, cien días después, el diálogo entre los gobiernos de acá y allá fluya tan malamente, hablándose sin escucharse, moviéndose sin avanzar un paso, considerando la cordialidad una obligación de servicio público, punto final. ¿Qué está ocurriendo? Cuando las matemáticas no acompañan la química tampoco. Coalición es ahora perfectamente prescindible, las urgencias parlamentarias del Gobierno se sientan en otros escaños, y donde no hay necesidad tampoco hay química. Ni prisas. Ni firmas. Ni confianza. El cambio de coyuntura parlamentaria ha enfriado las puertas de los ministerios. La complicidad y el buen rollo han ido a por tabaco. Los interlocutores no se caen bien. Hay más. El PP dejó algunos convenios con los expedientes insuficientemente armados, falta información, se echan en falta papeles y la administración socialista, en la línea donde se abrazan displicencia y torpeza, ha considerado que no le apetece o merece la pena explicar tanto retraso con las firmas pendientes. El hambre se ha asociado con las ganas de comer. Siguen pasando cosas sin que realmente pase algo más allá de un vicepresidente, y consejero, que viaja de vez en cuando a Madrid para que le digan lo que bien pudo preguntar por teléfono. Pasan los meses, eso sí. Enfilamos el trimestre final con el motor presupuestario en boxes, sin calendario y con la hipótesis de un adelanto electoral sobrevolando el desaguisado. El espíritu de la escalera (el ingenio, siendo precisos) alude a la frustración que nos sacude cuando caemos demasiado tarde en algo que debimos hacer o decir en su momento, ese dato o argumento que nos pudo llenar de razones cuando pudimos hacerlo o decirlo. Unos y otros, aquí o allá, están llegando tarde a la actitud que hace falta para recomponer de las relaciones Canarias-Estado. O se afanan en cambiar la mala dinámica con la que han arrancado o la frustración acabará arrojándolos escalera abajo.
