Un mal día de primavera de hace dos años, en Los Silos, un vecino del barrio, Sebastián Felipe Lorenzo Fortes, agredió sexualmente a mi hija, de 11 años, por lo que ha sido condenado por la Audiencia Provincial de Tenerife a ocho años de prisión, el 2 de abril de 2018, sentencia confirmada en su integridad por la Sala de lo penal del TSJC, el pasado 13 de julio. Por fin, después de un duro y largo proceso en el tiempo un criminal / pederasta entra en la cárcel, y ya no anda suelto por la calle alegremente, evitándose más daño a otras menores.
Las referidas sentencias le imponen, además, al condenado la prohibición de acercarse a menos de 500 metros de mi hija, N.R.P., tanto de su domicilio, como del centro escolar donde estudia o lugar frecuentado por ella, y de comunicarse con mi hija durante 10 años. No sé si es una condena dura o blanda. Posiblemente, blanda. En realidad, los tribunales han cumplido con las leyes en vigor y, como madre, a pesar de que el daño moral causado a mi hija lo llevará encima de por vida, por fin se ha hecho justicia. He de aclarar que los hechos ocurrieron en la Villa de Los Silos, que mi hija tiene hoy 13 años y que el responsable de los abusos –ya se le puede quitar lo de presunto- estará en libertad vigilada cinco años más, cuando salga de prisión. En el tiempo en que mi hija fue agredida sexualmente, el delincuente tenía 27 años y mi hija 11. Se ha querido echarnos en cara a nuestra familia que nuestra pequeña consintió los hechos y que fue la niña quien propuso a Sebastián que mantuviera relaciones plenas con ella. ¿En qué cabeza cabe que una inocente de 11 años pueda proponer relaciones a un hombre de 27? Yo soy respetuosa con las leyes, pero es preciso endurecerlas. Por fin, este individuo irá a la cárcel, estará en ella un máximo de ocho años y permanecerá vigilado otros cinco. No lo considero suficiente. Esta sociedad parece que se está volviendo loca y el condenado deja tras de sus actos una niña con graves trastornos psíquicos. Yo sólo deseo que se cumpla la ley, no otra justicia paralela. Mi hija es la víctima, pero mi familia se ha convertido en objeto de burlas por parte de parientes del criminal, que viven frente a mi casa. No las voy a tolerar, ni yo, ni mi familia. Bastante castigo tenemos ya para seguir sufriendo presiones injustas, que intentan proteger la fama de quien no la tiene. Es sólo una advertencia: denunciaré en adelante ante las fuerzas policiales y ante los juzgados cualquier tipo de presión ejercida sobre padres y familiares de una niña a la que han desgraciado su vida.
Sólo quería decir esto, como comentario a una sentencia que pudo haber sido más dura, pero que se quedó en ocho años de prisión. Lo acepto, con rabia, pero lo respeto. Sé la enorme dificultad que existe para los que imparten justicia. Sé de la debilidad de nuestras leyes, que propician el machismo y la prevalencia espuria del varón. Once años tenía mi hija cuando un hombre de 27 cometió el acto criminal de su agresión. ¡Once años, Dios mío!
En fin, estas líneas me sirven de desahogo, pero yo desde entonces he sonreído pocas veces y no he podido disfrutar de mi hija como antes. Yo desde entonces duermo mal, no soy la misma. Yo desde entonces siento un dolor atroz que me atenaza los sentidos. Yo desde entonces he mezclado sentimientos de venganza, odio, rabia, temor. Ahora el agresor irá a parar a la cárcel. Repito que no deseo juicio paralelo alguno. Sólo que pague por lo que hizo, de acuerdo a las leyes, bien entendido el hecho de que me parecen injustas, por lo permisivas, y que nunca se podrá restituir el daño ocasionado a una niña y a su familia, desde sus abuelos, a su hermana, a mí; no hay precio para ello, es un sentimiento de madre.
Pido a todos que cuidemos de nuestros niños, que los protejamos de este tipo de gente, pederastas, para que no les quiten la dulzura de una bonita infancia y los dejen marcado para toda su vida.
Era un mal día de primavera de hace dos años…
PD: Por fin se ha hecho justicia

