Se preguntan mis cholas, y la duda parece pertinente, por qué debe darse por bueno, incontestable y cierto que ser hijo de Adolfo Suárez sea suficiente para proclamarlo tan solemne como reiteradamente el no va más de la concordia. A juicio de mis cholas, y son bastante juiciosas, el hijo de Suárez queda descartado para ese papel desde el momento en que, oxidando la memoria de su padre, sube a los escenarios abrazando eslóganes que poco o nada tienen que ver con el espíritu de la transición. Mis cholas me han dado el verano. Suele ocurrir. Me salieron preguntonas. Y también creativas, tanto que llegaron a preguntar qué pasaría si al final abren la tumba del general y resulta que no hay nada dentro, nada, ni poco ni mucho, nada, ni rastro -qué mejor comienzo querría Manuel Vázquez Montalbán para una de las suyas-. Mis cholas, en particular, y las cholas, en general, cogen vacaciones cuando al empezar el curso los pies vuelven al tajo; lo suyo es al revés, trabajan un mes y descansan once. Y claro, cuando salen del armario se les acumulan mil interrogantes, dudas pertinentes, juiciosas, preguntas que no siempre tienen respuesta como aquella de qué carajo hace un vicepresidente del Gobierno de Canarias pidiendo en las redes que votemos si le quedan mejor unas gafas negras o rojas -tarareando a Estopa, ponte unas gafas de color de rosa si del sistema no quieres salir-. Las cholas le dan a todo, un día se echan las manos a la cabeza al enterarse de que Madonna cumplió sesenta años (si nuestros referentes musicales son ya sesentones, ¿acaso es que ya no somos veinteañeros?), y al siguiente cambian de tercio y maldicen a la directiva del Barça por lo de Juan Carlos Navarro, o lloran el adiós de Vicente Verdú o Neil Simon. Están como una chola. Escuchan que el PP estudia prohibir los e-sports en los colegios, o que los socialistas barajan censurar a Clavijo, y se preguntan si no será mejor que cuenten las cosas si algún día terminan de estudiarlas o barajarlas. Cosas de cholas. Luces de verano. Bendita rutina de amaneceres, deporte, mares, desayunos tardíos, baños, cañas, tertulias, vinos, siestas, atardeceres, rones y cholas que se preguntan a santo de qué ser hijo de Suárez te convierte por decreto en el Papa de la concordia.
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