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después del paréntesis

Madre e hijo

Christine Collins, la protagonista de El intercambio, película que en inglés se llama Changeling, Niño cambiado, tuvo suerte. Eso deducimos si aceptamos la maniobra falaz del corrupto policía J.J. Jones, que (en pos de tapar la intriga) le entrega un chiquillo como hijo suyo, sin serlo, después de desaparecer Walter. Estamos ante uno de los casos más espeluznantes de cuantos crímenes en serie se han producido en EE.UU. Se le conoce como “los asesinatos de la granja de pollos de Wineville”. Veinte chiquillos asesinados por el pederasta Gordon Stewart Northcott. Tal fue su impacto que el nombre del pueblo (Wineville) fue sustituido en el año 1930 por otro menos perturbador, Mira Loma.

Quien se encontró con la historia fue el guionista J. Michael Straczynski. Los viejos archivos del ayuntamiento de Los Ángeles iban a ser destruidos. Un amigo puso en sus manos los documentos de la vista oral del Consejo Municipal de Bienestar Social. Allí estaba el caso. Clint Eastwood aprovechó el descubrimiento. Hizo ver la espantosa pederastia que implicaba a toda la familia Northcott y se arriesgó a transmitir la audacia que enfrentó a la señora Collins contra la policía y su “Código 12”, por el que es recluida ilegalmente, junto con otras desdichadas, en un psiquiátrico al negarse a aceptar la impúdica maniobra de Jones. Eastwood huye de los efectismos y dirige la mirada hacia la enseña moral. Ahí el reverendo Gustav Briegleb. Y ayuda la profesionalidad del detective Ibarra contra el perturbador Jones. Los tres (el religioso, el policía y la mujer) evidencian la conducta: entereza y valentía. Con ello Eastwood subraya las posiciones éticas. Y no solo contra la corrupción institucional, también sobre la condición de mujer y el derecho a ser madre con todas las consecuencias. Un Eastwood que ya conocíamos por Sin perdón, Million Dollar Baby o Cartas de Iwo Jima: el valor de la verdad y el desprecio al quebrantamiento de la nobleza. Ibarra, con sus acompañantes, lo consigue desvelar.

¿Quién es la víctima? Walter, un niño de 9 años que es violado y descuartizado junto a otros 19 más. Pero asimismo Christine Collins, por cargar con el dolor del hijo que no la sucederá y por verse obligada a señalar en su circunstancia la vileza de un poder tan depravado como el del asesino de su hijo.

Se desarma el mundo, un criminal desolador desquicia la inocencia y la ternura, eso que otro norteamericano expresó sin matices en sus novelas, Cormac MacCarthy. Terrorífico.

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