CARTAS DESDE LONDRES

Pone en su sitio a Aznar

De manera literal, Carmelo Rivero, el director de DIARIO DE AVISOS, al que conozco desde que era un niño con gorrita de escuela, puso en su sitio a José María Aznar

De manera literal, Carmelo Rivero, el director de DIARIO DE AVISOS, al que conozco desde que era un niño con gorrita de escuela, puso en su sitio a José María Aznar.

Me ha venido la anécdota a la cabeza no sólo porque la presenciara en uno de aquellos viajes a Tenerife que hacía con Pedro Fernaud cuando los dos penábamos en las redacciones peninsulares, sino porque ahora acaba de hacerme el propio Carmelo un encargo que no pude rechazar: que me pusiera a ver, entre las brumas del brexit, el encuentro entre Felipe González y el hombre que inventó (o usó el invento) el eslogan más desdeñoso de la democracia: “Váyase, señor González”.

Ese encuentro fue como un partido de boxeo entre veteranos. Organizado por la Ser y El País, la emisora y el periódico en los que se dejó algunas canas aquel chiquillo con gorrita que fue Carmelo Rivera, enfrentó a dos púgiles de peso mayor, como dirían Los Sabandeños.

Aun en forma, aunque uno va para ochenta y el otro parece que va para los Olímpicos de la Tercera Edad, los que más tiempo mandaron en democracia en este país demostraron algo que les parecerá nuevo a los millenials: al contrario que los jóvenes políticos actuales, nunca desenfundaron las dagas de insultarse sino que, al contrario, fueron capaces de sacar de la historia que vivieron argumentos que sirven para hoy. Argumentos constitucionales, históricos, que fueron expuestos en ambos casos como si se los hubieran estudiado. No se entregaron a la facilidad y fueron todo el tiempo exquisitos y humorísticos, que eso lleva tiempo aprenderlo.

Cuando acabé de ver el debate me acordé, como si lo viera ahí mismo, del día histórico en que Carmelo puso en su sitio al entonces jovencísimo Aznar. Yo estaba en Tenerife en una ocasión que me recuerda, ay, el aniversario que estoy a punto de cumplir (ahora serán los 85, por eso digo ay). Carmelo me había invitado a vivirlo con su familia. Y ya que estás, me dijo, vente a la radio.

Iba a ser la suya una emisión de rutina cuando, de pronto, se presentó en el estudio José María Aznar. El director de la época, me parece que era Paco Padrón, lo hizo pasar al lugar desde el que Carmelo hacía su programa. Se lo plantó enfrente, y aquel joven periodista lo saludó, el jovencísimo Aznar hizo lo propio, el periodista hizo sus preguntas, el otro respondió. Y como no había tiempo de tonterías, cuando hubo de terminar Carmelo terminó, le dio la mano “al nota”, como decíamos por ahí, y aquí paz y gloria radiofónica.

Carmelo no se acordará, como no se acuerda de mi cumpleaños. Allá él. Pero yo sí me acuerdo, de Aznar, de aquel día…, y de mi cumpleaños, ay. No sé si Aznar se acordará del muchacho que lo puso en su sitio y después lo despidió. Adiós, muy buena, váyase, señor Aznar.