Especialmente usad (y abusado) en el planeta de las redes sociales y las nuevas tecnologías, el postureo resume una manera de actuar más estrechamente ligada a construir una imagen o dibujar apariencias que a una verdadera motivación o convicción. Se adoptan ciertas costumbres -se posturea- con el objetivo de querer parecer aquello a lo que las modas dicen que hay que parecerse; o, en su caso, en el afán de causar una buena impresión haciendo o diciendo lo que en cada momento resulte más cool, guay, in. Sentirse aceptado -o, si el entorno da una puntuación alta, incluso admirado- es más o menos comprensible, y siempre respetable. Gustar, o al menos percibir que formas parte de algo, llegando incluso al escalón del protagonismo, no acarrea pecado alguno. El problema es otro, y asoma cuando, particularmente en política, un responsable orgánico u organización coloca una necesidad patológica de aprobación por encima de cualquier otra consideración. Hay espacios en los que el postureo crece con facilidad. Sin duda en las redes o en actos sociales concebidos para replicarse en las redes. Hay otras herramientas dadas al postureo; sin duda, las proposiciones no de ley, propuestas parlamentarias que desembocan en textos que carecen de rango de ley, limitándose a pedir o instar, a mostrar una opinión o a deslizar posibles principios para esto o aquello. Resumiendo, las proposiciones no de ley son resoluciones que se escriben en barras de hielo, quedando a criterio del Gobierno de turno tomarlas en consideración o sacar el hielo del congelador y abandonarlo en el fregadero, para que se derrita y desaparezca por el desagüe. Las PNL valen para barridos y fregados; y, como no vinculan, resulta tremendamente tentador que los grupos parlamentarios las utilicen para quedar bien, a sabiendas de que el postureo bien lejos de tener consecuencias o no las tiene o las tiene con fecha de caducidad inmediata. Un suponer, la proposición no de ley rechazando los e-sports. Respecto a esa PNL, aprobada recientemente por el peor Parlamento de las últimas legislaturas, caben dos preguntas. ¿Qué habrían votado PP y PSOE si la cosa fuera vinculante? ¿Cuándo fue la última vez que un Gobierno se tomó en serio una proposición no de ley?
