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mundial de baloncesto femenino 2018

Un Mundial de Baloncesto contra viento y Cabildo

Las histórica cita que arranca el sábado se encontró en sus inicios con las reticencias de instituciones públicas, especialmente del Cabildo, cuyo presidente consideraba que suponía un gasto excesivo

La principal razón de que el Mundial Femenino de Baloncesto llegue este sábado a Tenerife por primera vez en su historia tiene nombre y apellidos: Manolo Gómez, presidente de la Federación Canaria de Baloncesto y vicepresidente de la Española. Pero, pese a que ahora son todo buenas palabras alrededor de la Copa del Mundo, no todos estuvieron tan de acuerdo desde el principio, incluso virando según se desarrollaban los acontecimientos.

La idea primigenia de Gómez era clara. El Mundial debía tener alcance regional, con dos sedes potentes, Gran Canaria y Tenerife, con instalaciones perfectamente adaptadas. Gran Canaria dio un paso al costado, igual que el mismo que dio al frente Tenerife. Parecía evidente que la Isla se vería beneficiada y no solo por la repercusión que tendría la cita, sino por el legado, en forma de mejoras en las instalaciones, que la misma dejaría.

Fue algo que vieron muy claro los organizadores y el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife, algo a lo que se sumarían posteriormente los consistorios de Los Realejos y Puerto de la Cruz.
José Manuel Bermúdez entendió que esta era una oportunidad de modernizar, como ha sucedido, el Pabellón Quico Cabrera, necesario no solo para la Copa del Mundo, sino para el uso y disfrute de sus ciudadanos. Ponía encima de la mesa 1,5 millones de euros en una apuesta clara porque todo llegara a buen puerto.

El Gobierno de Canarias y el Ayuntamiento de La Laguna tuvieron una respuesta tibia, casi al margen, hasta ver lo que sucedía, aunque tímidamente comenzaba a considerar la idea. Pero no todos estaban de acuerdo en Coalición Canaria: Carlos Alonso, presidente del Cabildo, decidió mostrar sus reticencias el 10 de julio de 2017 mediante un mensaje en su cuenta de Twitter. “Dato para la reflexión: acoger el Mundial de Baloncesto Femenino costaría a las administraciones públicas casi 6.500.000 millones de euros”, escribió en un tuit que no era casual, ya que solo un día antes José Manuel Bermúdez había reconocido que si la Copa del Mundo no se celebrara en la Isla no sería “solo culpa de Santa Cruz” como se había especulado por las importante remodelación que necesitaba el Quico Cabrera. Bermúdez había puesto el foco en Gobierno y Cabildo. La pelota estaba en sus tejados.

La disputa trascendió los límites de la Isla. Un Mundial parecía un premio -muchos no entendieron que pudiera ser visto casi como un castigo-, por lo que Aurora del Rosario, consejera del Cabildo de Gran Canaria, aprovechó la situación para ofrecerse a acoger la cita: “Disponemos de todas las infraestructuras necesarias; se debe apostar por el deporte femenino”.
La presión crecía alrededor de Carlos Alonso, dicen que aún molesto al no haberse enterado desde un primer momento de que la Isla podía acoger un Mundial, mientras Manolo Gómez, incansable, reconocía a DIARIO DE AVISOS que habría una reunión entre todas las partes para poder llegar a un acuerdo.

El 13 de julio de 2017, en portada, el DIARIO reiteraba las intenciones grancanarias ante el inmovilismo del Cabildo de Tenerife, que parecía más empeñado en imponer su criterio que en encontrar una solución.

Cambio de criterio

Aquella portada no pasó desapercibida. Manolo Domínguez y Natalia Mármol, consejeros insulares en el Cabildo, mostraron su total disconformidad con un Alonso que dio un paso más, recurriendo al fuego amigo. “Ahora parece que José Manuel Bermúdez ha variado su postura, ya que en un principio se mostró reticente a que el Mundial se disputara aquí”, dijo en una comparecencia pública, instando al CSD y a la FEB a asumir parte de los costes mundialistas.

La implicación de José Ramón Lete, entonces presidente del CSD, a instancias del Partido Popular resultó decisivo. Cabildo, Gobierno, Ayuntamientos de Santa Cruz y La Laguna y FEB se reunieron, logrando confirmar la celebración de la Copa del Mundo.

El trabajo de Manolo Gómez y la FEB habían dado sus frutos, Santa Cruz lograba ser sede, completar la remodelación del Quico Cabrera y asegurarse “un recinto para muchos años”, como reconoció el propio José Manuel Bermúdez y, solo nueve días después de haber cuestionado la celebración del mismo, Carlos Alonso dijo que el mismo sería “el mejor que se ha hecho nunca”.

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