Primero fue la matraca catalana, que sigue; más tarde la exhumación de Franco, que continúa; y ahora la noticia estrella es si el hígado que le trasplantaron al ex futbolista culé Abidal para salvarle la vida era de su primo o de estraperlo. Y es el sistema judicial español el que anda vuelto loco para averiguarlo, tropecientos años después. Este país no tiene remedio. Ya verán las páginas que ocupa el asunto en las próximas semanas. Incluso se pretende que se dicte euroorden para apresar a ese primo, cuando resulta que Bélgica ha demostrado, y Alemania también, que las euroórdenes son una filfa, que no se les hace caso; al menos a las euroórdenes españolas. ¿Cómo se puede perder tanto tiempo y dinero en investigar, me da que con poco éxito, un trasplante de hígado practicado hace más de diez años, según parece? Lo importante es que Abidal salvó su vida, que goza de buena salud y que ahora trabaja como ejecutivo en el F.C. Barcelona. Esto es lo que debería alegrarnos y no estar siempre destapando caca. No sé, yo creo que los jueces tendrán otras cosas más importantes de qué ocuparse que del hígado del primo de Abidal, en vez de buscarlo para comprobar si tiene o no tiene cicatriz en la barriga. Llevamos en este país mucho tiempo perdiendo el norte con facilidad y, sobre todo, judicializándolo todo. Hay verdaderos trotajuzgados –aquí tenemos varios–, que basan su existencia en la denuncia contumaz y persistente. De lo que sea. Dejen en paz a Abidal con su hígado nuevo y ocúpense sus señorías de agilizar la tonga de asuntos pendientes en sus juzgados. Porque a este paso alguien publicará una fake new diciendo que el señor primo de Abidal se comió el hígado viejo de su pariente.
Y, ahora, un hígado
Primero fue la matraca catalana, que sigue; más tarde la exhumación de Franco, que continúa
