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el charco hondo

El respetito

Ni mejores ni peores. En algunas cosas somos razonablemente buenos, y en otras bastante flojos

Ni mejores ni peores. En algunas cosas somos razonablemente buenos, y en otras bastante flojos. Hay situaciones que a los canarios nos gustan más, otras menos. En según qué asuntos demostramos mucha cintura, e incluso una paciencia antropológica; en un sinfín de episodios, entre plantarnos y dejarlo estar optamos por posiciones conciliadoras, ahorrándonos así sofocones prescindibles. La geografía acaba contaminando la genética, y el carácter. Hay capítulos que en otras partes desembocan en líos monumentales y que en las Islas dejamos correr; pero otros, que ahí fuera pasan desapercibidos, aquí incendian al personal. En el catálogo de actitudes que ponen a los canarios en pie de guerra está, en un lugar destacado, que sienta que lo están vacilando o faltando al respeto. Los canarios no somos de grandes exigencias, pero llevamos fatal que cualquier empresa, colectivo o institución se permita saltarse un elemento innegociable: el respetito. No ya un respeto, sino un respetito. Si eso ocurre, cuando un agente público o privado ni se toma la molestia de escuchar o explicar, el fondo del asunto queda eclipsado por el veneno que las malas formas alimentan. Al parecer, en el Banco de Santander nadie aprendió nada cuando Repsol, ejemplo inmejorable de una mala gestión emocional de los procesos. Esperándose poco o menos en el terreno de las sensibilidades, el Grupo Santander tiene unos derechos que hace valer, como igualmente los tienen otras partes implicadas en el dramático desahucio de trescientas cincuenta y ocho familias, miles de personas para las que no hay alternativa si abandonan sus casas. Si es que no lo han hecho ya, más pronto que tarde asomarán en el quiosco procesos similares al que se está viviendo en Añaza. Pudo el banco dar la cara, reunirse o al menos ponerse al teléfono, e incluso pudo explicarse en una nota de prensa; no lo hizo, y por no hacerlo cuando debió el Banco de Santander ahora es noticia, con el problema reputacional y la antipatía hacia la marca que eso arrastra consigo. Que Cabildo y Ayuntamiento retiren fondos es una llamada de atención obligada. El banco reaccionó ayer, tarde, mal, pero algo es algo. Ha hecho bien el alcalde volcándose con la parte más débil e implicándose como lo está haciendo. El banco tiene sus derechos, los vecinos sus razones y los canarios tenemos la manía de exigir que se nos tenga un respetito.

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