
Jamal Khashoggi, conocido crítico de las autoridades saudíes que colaboraba como columnista en el Washington Post, fue descuartizado durante siete agonizantes minutos; los que el periodista estuvo vivo, según recogen los diarios con acceso a fuentes de la propia investigación, como el Middle East Eye. El fallecido fue arrastrado fuera de la oficia del consulado de Arabia Saudí en Estambul nada más entrar e, inmediatamente, colocado sobre una mesa que se encontraba en una habitación anexa donde fue torturado.
Al parecer, se empezaron a escuchar gritos ensordecedores en la planta baja del edificio que, únicamente, pararon cuando se le inyectó una sustancia que aún no ha sido identificada. “El propio cónsul fue sacado de la habitación. No hubo intento de interrogarlo, habían venido a matarlo”, afirmó una fuente consultada por el citado medio.
El jefe de pruebas forenses en el departamento de seguridad general de Arabia Saudí, Salah Muhammad al-Tubaigy, fue el encargado de descuartizar el cuerpo mientras escuchaba música y, además, animó a sus acompañantes a que hicieran lo mismo: “Cuando hago este trabajo siempre escucho música. Deberíais hacerlo también”.
