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Menos política

Un amable lector que me encuentro en mi paseo lagunero del otro día me dice que menos política, menos Cataluña, y que sea yo, que me vacile del mundo y que entretenga a los que me leen. Que aparque la política. En realidad, tiene razón este desocupado lector, que además es un gran matemático, porque hablar de política aquí es como predicar en el desierto. No sirve ni siquiera para entretener a los lectores que yo hable de los políticos catalanes, porque mi comentario no les va a llegar, ni les va a afectar, ni tampoco voy a agradar a los que lean las 300 palabras del artículo, palabra más, palabra menos. Así que me pasaré una buena temporada sin hablar de política, sino que deberé buscar asuntos ocurrentes que comentar. Como, por ejemplo, que el tal Sánchez haya llamado a Felipe VI, Felipe II. Bueno, la verdad es que fue un lapsus. A lo mejor lo que quería Sánchez era trasladarse a El Escorial, a un retiro con el pasado. Ojalá Felipe VI, o sea el actual jefe del Estado, sea tan buen rey como Felipe II, aunque no haya color entre una época y otra. Antes había que mandar gente a la guerra, ahora es preciso lidiar con la paz, que empieza nunca, como me parece que dijo Gironella. Si los españoles fuéramos más solidarios, la mitad de las chorradas que leemos cada día, en papel y en tabletas y pecés, no tendrían lugar. Nos pasamos gran parte del tiempo acusando al otro, en vez de buscar soluciones para que este puñetero país pese algo en este mundo, que cada vez pesa menos. Seguiré buscando esas chorradas, que parece que son las que gustan a los lectores, matemáticos, humanistas o ambas cosas a la vez.

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