Para no sufrir el insomnio, evitaré en el futuro abrir el ordenador de noche. Quiero decir que ni leeré los periódicos digitales después de horas diurnas, ni tampoco otros correos que recibo, sean buenos o malos. Es una cuestión de salud solamente. La moderna comunicación, la inmediatez de todo, no va a arruinar mis últimos años de vida. No le voy a dar ese gusto a los periodistas de los digitales, ni a las administraciones recaudatorias, ni a las madres que los parieron. Así que me guardaré mucho de abrir el ordenador en horas inconvenientes y, si me apuran, hasta puede que lo lance por la ventana. Parece mentira que yo, que siempre he sido una persona inquieta y ansiosa de información, tenga que tomar estas medidas para cuidar mis nervios y para evitar que cualquier noticia terrible (como el propio descuartizamiento de un periodista, mientras sus torturadores escuchaban música), o quizá una notificación, siempre desagradable, de la Agencia Tributaria, altere mi descanso. Este mundo se ha vuelto completamente loco y no hay duda de que camina hacia su propia destrucción (y no lo digo sólo por Hacienda, que hay cosas peores). Estamos en unos momentos en los que los medios de comunicación sólo ofrecen malas noticias y cuando aparece una buena, la esconden. Vende lo malo, lo bueno alegra poco o nada. Nadie parece haber puesto el grito en el cielo por lo ocurrido al periodista en el consulado de su país, Arabia Saudita, en Estambul. Y no pasa nada: los torturadores seguirán siendo dueños de medio mundo, seguirán financiando el terrorismo y seguirán descuartizando a los ciudadanos, como el que había acudido al consulado a renovar un pasaporte para contraer matrimonio. Dios mío, suma y sigue. ¿Cómo voy a abrir mi ordenador, y menos de noche? Ni hablar.
No, de noche
Para no sufrir el insomnio, evitaré en el futuro abrir el ordenador de noche

