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Qué mala suerte

Tenemos un país lleno de políticos malos, y ambiciosos, de jueces contradictorios, de leyes imposibles de cumplir

Qué mala suerte. Tenemos un país lleno de políticos malos, y ambiciosos, de jueces contradictorios, de leyes imposibles de cumplir; un país complicado, con una banca abusadora y unos procedimientos de convivencia que están más cerca de la Edad Media que del siglo XXI. Reflexiono sobre esto en la soledad del jubileta y sin dejarme influir por los telediarios. Yo, la primera vez que viajé a Latinoamérica, me asombraba de que todo se resumía a hablar de política y mientras el mundo crecía, ellos hablaban sólo de política. Ahora ocurre lo mismo en España, lo cual considero una regresión intolerable, sobre todo por culpa de una izquierda patética y niñata, nacida al socaire de la idiotez de la derecha. La derecha es tan zafia que no es capaz de unirse, con lo cual será también incapaz de ganar y gobernar. Esta última reflexión me lleva a pensar que aquí o sobra el PP o sobra Ciudadanos. No incluyo en el paquete a Vox, porque Vox es, en sí, un paquete. Con esta derecha dividida y dispersa será imposible ganar a la izquierda del fatuo copión y del Coletas; imposible. Porque la demagogia cala más que la racionalidad y porque la derecha, con haberse hecho dispersa, no contribuye para nada a ser racional. Nos esperan años duros, porque el pueblo español, aunque ahora hable mucho de política, no tiene puta idea de política, ni es capaz de fabricar una idea que valga la pena. Me lamentaba de mi pesimismo, el cual ha sido un sentimiento tradicional en muchas de nuestras Españas, cuando me entero de que Casado y Rivera están más concentrados en pelearse entre ellos que en combatir a la izquierda. Más a mi favor para sostener que esto no hay quien lo arregle y que de esta jaula de grillos no puede salir nada bueno.

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