Si es que pudiera o pudiese darse por cierto que en La Laguna hay menos de dos, cuatro, quince o veintidós PSOE, según el ganador de las primarias socialistas, Luis Yeray Gutiérrez, no es lo mismo Coalición que el PSOE. Así, en una lectura inicial, y escuchado por vez primera, la afirmación del ya candidato a la alcaldía no tiene más vueltas. Pues vale, de acuerdo, pactar no necesariamente conlleva que dos o más cuerpos se fundan en uno solo, ni tampoco que las partes dejen de serlo para conformar algo bastante similar a un todo que, además, extiende sus sombras hasta el infinito y bastante más allá. Ahora bien, si cuando se le pide que se retrate respecto a si él es de los que habría roto con CC o, en otro caso, del colectivo déjate de censuras, que con las cosas de comer no se juega, el candidato socialista se limita a repetir que Coalición y PSOE no son lo mismo, huyendo de esta manera tan mustia de cualquier reflexión mínimamente adulta sobre el particular, entonces sí, es que algo le duele o preocupa. No es original Luis Yeray. Los socialistas laguneros se han pasado tres años montando-desmontando mociones de censura -sí, no y también lo contrario, dependiendo de a quién se lo contaran-. El pecado del PSOE en ese Ayuntamiento no es haber decidido que no les interesaba romper con CC, posición perfectamente legítima. Su vergüenza es otra. El ridículo nace, crece, se desarrolla y se resiste a morir al no haber tenido el coraje o la valentía de decirlo abiertamente y, acampados en su infantilismo asustadizo, haber optado por pegarse años ocultando que nunca estuvieron por la labor de romper. A la vista está que el ganador de las primarias coincide con Alejandro Sanz en que no es lo mismo ser que estar, estar que quedarse, ni tampoco es lo mismo quedarse que parar. Y, sobre todo, se ve que el hilo conductor del candidato, siguiendo la letra del cantante, tiene como idea central que los socialistas laguneros ni son, ni están, porque no es lo mismo arte que hartar. No lo tienen fácil los simpatizantes de ese PSOE. A estas alturas quienes los han votado alguna vez ya no deben saber quién es quién, quién con quién, qué es qué o qué con quién. Lo que fue y significó ese partido en La Laguna, y en lo que lo han convertido.
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