el charco hondo

Así no

Es un cauce razonable para felicitar el cumpleaños a un conocido, o para mover con los colegas un almuerzo de viernes, decir que estás llegando o retrasándote, suspender deprisa y corriendo una cita o para responder cuando estás en una reunión o conversación que no puedes interrumpir. El WhatsApp está bien para gestionar con rapidez asuntos puntuales y otro buen montón de cosas, pero en ningún caso, nunca, jamás, para contar a las autoridades o agentes locales que Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea, propiedad al 51% de un ente público, va a licitar sin atender, escuchar, conocer, compartir o tomar nota de las opiniones de entidades públicas o privadas, el edificio que unirá las terminales de la principal puerta de entrada y salida de la Isla. Las cosas no se hacen así. Los responsables han fallado en continente y contenido (¿hace falta recordar que aunque se haya privatizado esa empresa tiene madres, padres y siglas?, ¿qué habría pasado si la ampliación de El Prat o Barajas se la despachan contándoselo por WhatsApp a los agentes locales?). No, qué va. Así, no. Han patinado con las formas, y de qué manera. Y también con el fondo, y de qué forma, porque lo que realmente necesita ese aeropuerto es una terminal que ofrezca soluciones, y no parches, para que la impresión inicial y última de millones de pasajeros no les deteriore la imagen que se llevan a casa. Qué menos que recordar la jugosa rentabilidad de una instalación que no merece estar mendigando la inversión que requiere, y que poco o nada tiene que ver con lo que se está planteando. Qué menos, y cuántas van ya, que sorprenderse porque el 51% de Aena, ese porcentaje de su anatomía que tiene carácter público, se las maneje así, pasando olímpicamente de las instituciones locales, al galope de los hechos consumados y, sobre todo, con unas maneras y un afán recentralizador que estando en la oposición tanto reprochan al PP. No deja de ser una maldad del destino que coincida este episodio con la entrada en vigor de un Estatuto al que capítulos como éste hacen envejecer prematuramente. ¿Qué costaba hacerlo de otra manera?, ¿cuánta inversión exige hacer lo que realmente está necesitando el aeropuerto en vez de estar tirando el dinero a golpe de apaños? Fallan las formas. También el fondo. Faltan emoticonos para resumir la torpeza de quienes se relacionan por WhatsApp con las autoridades o los agentes sociales y económicos de la Isla.

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