el charco hondo

Cuando las palabras se esconden

Es cierto que las palabras siempre están ahí, esperándonos, ofreciéndose para combinándolas ilimitadamente contar lo que nos pasa, para traducir alegrías, penas, lágrimas, miedos, dudas, sonrisas, fortalezas, temores o soledades, para explicar a otros o para explicarnos a nosotros mismos, sí, es verdad que ahí están, siempre, brindándose, deseando que las elijamos para que no nos quedemos sin decir qué nos hace felices, o qué nos molesta, indigna o sacude, y, sin embargo, pero no, hay ocasiones en las que sentimos que no las encontramos, momentos en los que la maldad se supera a sí misma e intenta dejarnos sin palabras, episodios en los que la sinrazón de la violencia se revuelve para no dejarse contar, acosos, abusos, maltratos, agresiones y muertes de género que hacen por escondernos las palabras que necesitamos para que se escuche nuestra indignación, rechazo o resistencia, y cuando eso ocurre, si eso pasa, cuando no sé cómo decir que la violencia de género no puede dejarnos callados, ni vencidos, cuando quiero reiterar que las campañas de concienciación son tan necesarias como imprescindible que vayamos plantando cara a esta pandemia día a día, en todas partes y sin duda dentro y fuera de los centros escolares, cuando no sé cómo contar que en bares, oficinas, reuniones de amigos o conversaciones familiares debemos desprestigiar las expresiones, gestos o comentarios machistas que ofrecen un contexto más favorable a los agresores presentes y futuros, cuando ya no encuentro la manera de denunciar que lo veo en la calle con edades tempranas, que trágicamente en lo que a violencia de género se refiere de años a esta parte estamos avanzando hacia detrás, o que hacemos pero podemos hacerlo de otra manera para proteger más y mejor a quienes están siendo torturadas al otro lado de la pared, cuando no sé cómo decirlo, y a veces pasa, cuando las palabras me faltan se las pido prestadas a Roy Galán, y entonces Roy propone una sociedad en la que los hombres se deconstruyan a sí mismos y cuestionen todo lo mal aprendido, cuando no encuentro frases para tanta maldad de género Roy reúne las palabras que parecen esconderse para recordarnos que algo nos abraza, que una vez estuvimos dentro del vientre de una mujer, unidos a ella por cincuenta centímetros, que tenemos una cicatriz en forma de ombligo, así que sé cuidadoso, dice Roy, siempre.

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