Le robo a Juanito Cruz a su citado preferido -Domingo Pérez Minik-, que fue quien dijo que Canarias había cometido dos errores históricos: no haber dejado entrar a Nelson y haber dejado salir a Franco. Es verdad, en ambos casos, a tenor de este desastre llamado España y a las consecuencias de una guerra civil que asoló el país y no precisamente por culpa exclusiva de Franco; hubo otros culpables. Ahora sale de nuevo a la luz y a la sombra de los periódicos y demás medios el tema de Gibraltar. Franco dijo que el Peñón era como la fruta madura que se cae del árbol. Pero se murió y la fruta no había caído; ni va a caer. En cuanto eso ocurra se arruinan dos o tres mil españoles que trabajan en uno de los paraísos fiscales en territorio de la Unión Europea (hay más). A mí los paraísos fiscales me gustan, creo que son necesarios. En Gibraltar se refugian casas de apuestas, compañías de seguros y algunas sociedades más sucias que el culo de sus monos. Pero si fuera español, aquello sería un caos, como todo lo que tocamos. Gibraltar funciona. Y su ministro principal, que creo que se llama Picardo, o algo así, es infinitamente más listo que Sánchez, de quien Alfonso Guerra ha dicho que “tiene un mensaje insignificante, ansias de que no lo saquen de la Moncloa ni con agua hirviendo y ganas de asociarse con lo peor de cada casa para permanecer en el cargo”. Nada más y nada menos. Lo único bueno que ha hecho Sánchez es precisamente no hacer nada en el asunto de Gibraltar y el brexit, plegarse a los británicos y evitar que Marruecos la tome meona con Ceuta y Melilla, que es lo que pasa siempre que el Peñón vuelve a los periódicos. Gibraltar, inglés, a Dios gracias.
