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el charco hondo

La marca testigo

Cuando se trabaja con las piezas de un reloj siempre se deja alguna huella, algún rastro, esas marcas testigo del relojero que quedan registradas en la maquinaria, como así lo recuerda el padre de los Crain en The Haunting of Hill House, una historia puede que prescindible, sí, pero con una mirada tan elegante como feroz a los fantasmas interiores de cada cual que la hacen bastante atractiva. Es poco probable que Pedro Sánchez tenga tiempo para, al caer las noches, ya en pijama, meterse en la piel de los terrores ajenos, entre otras cosas porque bastante tiene con los demonios propios; pero a estas alturas debe ser consciente de que las manecillas de su presidencia arrastran las marcas testigo de un error (no haber convocado elecciones en las dulces semanas iniciales, cumpliendo así con su principal compromiso de investidura) que lo acompañará durante y después de su paso por la Moncloa. Calculó mal, creyó o le hicieron creer que su buena estrella, esa que lo ha resucitado tantas veces después de muerto, era suficiente para reírse de la realidad que lo esperaba al finalizar su verano. Se equivocó y su torpeza, de magnitudes astrofísicas, ni ha parado ni va a dejar de engordar con cada golpe de las manecillas de un reloj, el suyo, lastrado por la marca testigo que debilita, penaliza, resume, condiciona y define la presidencia de Pedro Sánchez Pérez-Castejón, un presidente que rueda barranco abajo sobre el rosario de espinas al que ha condenado a su partido, catálogo de vulnerabilidades que tienen al Gobierno, y al PSOE, quedando peor que mal con el absurdo intento de borrar la marca testigo que dejó Sánchez a cuenta de la rebelión de los actores principales del procés (qué ingenuidad creer que alguien iba a agradecerle algo), o entre otras bocas de agua una presidencia tocada y/o hundida por unos presupuestos forzados y por un relato colateral, lo de la exhumación de Franco, que se acerca peligrosamente al balcón de los ridículos. Cierto que el PP más que pedir explicaciones lo que debe hacer es pedir perdón por Cospedal y otros demonios; es verdad que las derechas no han sabido respetar institucionalmente a un presidente tan legítimo como los pasados o futuros, pero la equivocación de Sánchez es solo suya. Debió convocar elecciones cuando se comprometió a hacerlo, y de entonces a esta parte carga con una cruz cada vez más pesada que lo tiene ahogado en la marca testigo de un error descomunal.

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