el charco hondo

Las dos patas del elefante

Aunque algunos tengan la tentación de alimentar esa percepción o idea, Aeropuertos Españoles y Navegación Aérea no es un ente abstracto llegado de un planeta desconocido o de un sistema ajeno al nuestro, tampoco responde a la descripción de un meteorito que haya cruzado un agujero negro al que no sepamos siquiera nombrar. No estamos ante una bacteria inexplorada ni ante un objeto volante no identificado. No es el caso. Aena no es una multinacional que esté única y exclusivamente a su cuenta de resultados. No es una hijastra de Coca Cola, Starbucks, Samsung u otra Gran Corporación que solo deba responder ante sus accionistas. No es una de las mil marcas de Amancio Ortega, no, qué va. Aena tiene padre, madre, apellidos y un capital que mayoritariamente lleva la firma, el grupo sanguíneo y la denominación de origen del Estado que nos parió. El 51% está en manos del Estado a través de Enaire, dependiente del Ministerio de Fomento, en cuyo consejo se sientan también representantes del Ministerio de Economía y Hacienda. Cosas del pasado reciente, años atrás se dictaminó que Aena se debe a normas del sector público, no al derecho privado (de hecho, a la hora de formular sus informes anuales han requerido consultas a la abogacía del Estado). O, dicho de otra manera, no es descabellado concluir que es mucho más pública que privada. O, contado de otra forma, bien lejos de proceder de un sistema ajeno al nuestro, Aena es un elefante que tiene sus cuernos en los ministerios de Fomento, Economía y Hacienda, luego, las pisadas del susodicho deben ser explicadas y asumidas por la parte política contratante de la primera parte. El proyecto para la ampliación de la terminal del aeropuerto del Sur de la Isla viene de muy atrás, es cierto, pero no lo es menos que a quienes ahora están en los ministerios les toca dar la cara y hacer lo que incomprensiblemente no se ha hecho: escuchar a las instituciones y a los agentes económicos y sociales locales, buscar soluciones compartidas y, en su caso, rectificar y ponerse a trabajar en la construcción de una nueva terminal. La responsabilidad política del elefante tiene tantas patas como ministerios se sientan en el consejo de Aena, que no es ni meteorito, ni bacteria, ni planeta desconocido sin padre o madre.

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