Estrasburgo ha dado la razón a Otegui: no tuvo un juicio justo el etarra. A la jueza objeto del debate y a sus comentarios y decisiones hay que echarles de comer aparte. Se cargó el proceso con su actitud beligerante, y hasta maleducada, durante las veces que estuvo frente al etarra. Un varapalo, otro, para la justicia española que, por lo visto, anda a la deriva. Ahí tienen a un Tribunal Supremo dividido, analizando quién debe pagar los costes de las hipotecas. ¿Saben una cosa?: las hipotecas no deberían tener coste. El Estado se agarra a cualquier cosa para arrearle un impuesto al prójimo. El ciudadano cuenta poco y España es el país donde jamás se ven los impuestos que pagas. El PSOE debería ponerle un impuesto al nombre de Franco; gracias a sus afanes por desenterrarlo se hincharía de ganar dinero. Porque todo el mundo habla de Franco. Ahora, como no lo pueden ni sacar ni meter, quieren cerrar basílicas y criptas. El PSOE siempre ha sido un tanto errático: recuerden el Frente Popular. Pero es que ahora bate sus propios récords. El PP, en su inmensa soledad, se aleja de Cospedal. El poder tiene fecha de caducidad. Llegará un día en el que se aleje de Casado. Lo que decía mi madre: “Tú, estudia, para que no te tengas que dedicar a la política”. Otras madres dirán: “Tú, estudia, para que no te tengas que dedicar al mundo de la justicia”. Cuando el descrédito se apodera de un sector, de cualquiera, lo mejor es echarse a correr. Yo me paso el día corriendo, ya no sé a dónde ir. Porque esta profesión de robaperas, el periodismo, también te la regalo. Dios santo, estoy rodeado; a lo mejor me meto a cura, aunque, pensándolo bien, los curas están peor.

