Siendo un detalle desear lo mejor a terceros, ora individual, ora colectivamente, cabe esperar que a algunos taxistas les vaya bonito. Vale, de acuerdo; pero sería igualmente interesante, y justo, que otros terceros (taxistas, verbigracia) participen de esas buenas intenciones. Y, si no es mucho pedir, estaría bien que no se jacten de negociar con las administraciones ensañándose con terceros, en este caso, con quienes no teniendo nada que ver con sus dolores son (somos) sacrificados, adjudicándonos el papel de moneda de cambio. Reinciden los taxistas (algunos) en la mala costumbre de utilizar a profesionales que necesitan llegar al trabajo, o a familias que van o vienen para dejar o recoger, como pieza de caza, y no, así no. La patada en el culo del vecino para presionar a las administraciones dibuja un error que, lisa, básica y llanamente, consiste en creer que las víctimas de sus estrangulamientos van a acordarse de la madre o padre de la otra parte contratante; se equivocan al descartar que, como así ocurre, en realidad maldicen a quienes, taxistas, parece importarles absolutamente nada destrozar el día a aquellos que no tienen nada que ver con sus exigencias, no se sientan en mesa de negociación alguna, no son culpables de sus pesares y, sobre todo, no tienen por qué comerse sus marrones. Colapsando la ciudad no meten presión alguna a los responsables públicos, al revés, al disparar la antipatía del vecino respecto a sus reivindicaciones lo que suele pasar es que, irritados, esos vecinos acaban pidiendo a las administraciones mano dura con los culpables del colapso (a todas estas, ¿se han acordado de pedir alguna reunión con la parte política?). Joder al vecino, al profesional, al comerciante, al padre, a la suegra y al que pasaba por allí es la peor manera de avanzar con su negociación. Las aspiraciones de un colectivo, justas o no, no le da licencia para pelearlas de cualquier manera, yendo con tal descaro a por terceros para que al otro lado de la mesa los políticos cedan. Mala cosa. Mal asunto. Y malo que, facilitándoles la jugada, un subdelegado del Gobierno se sume a la fiesta poniéndoles la piñata, abriéndoles las calles que más duelen, dejándose llevar o mirando hacia otro lado. Los taxistas (algunos) deberían caer en la cuenta de que, con esas iniciativas, bien lejos de meter presión a la parte política contratante lo que han conseguido es echarse encima, y para mal, a esos terceros a los que solemos denominar opinión pública.
Que les vaya bonito
Siendo un detalle desear lo mejor a terceros, ora individual, ora colectivamente, cabe esperar que a algunos taxistas les vaya bonito
