Una de las acepciones de polarizar en el diccionario de la RAE es “orientar en dos direcciones contrapuestas”. La usamos para identificar la situación de la política y su efecto sobre la sociedad española. La política ya no es capaz de detener la degeneración creciente de la vida pública. Donde el empobrecimiento del discurso forma parte del proceso de consolidación de los populismos. El viejo referente de la sociedad europea socialdemócrata integradora se ha roto, dando pie al caos político de las izquierdas xenófobas y los simétricos movimientos de ultraderecha europea. Ambos en Italia se han aliado en el Gobierno, poniendo en duda el marco institucional de la UE y su equilibrio económico.
Hay quien analiza el fenómeno como un conflicto ideológico de derechas e izquierdas, cuando es más complejo. Ligado a los fenómenos de la globalización de la nueva era de la información e internet. La decadencia estaría centrada en la captura y/o patrimonialización del poder por las élites de los partidos políticos, actores del sistema, como señala Fukuyama. Y ponen en riesgo el propio Estado democrático de derecho, sostenido en la división de poderes, el imperio de la Ley y el carácter representativo del poder, que nos aseguran la igualdad y libertad. La ampliación sin fin del Estado de bienestar supone una creciente violencia fiscal sobre el ciudadano, que induce sobre éste de manera inconsciente el fortalecimiento de las ideologías autoritarias opuestas. Donde el juego de los partidos ha renunciado a colaborar y se polariza fijando sus fronteras relativas, pagando la paz con renuncias constitucionales. Los grupos políticos resultantes segmentan la sociedad civil, de forma que operan entre ellos bajo los principios de intolerancia y no reciprocidad. La unidad a su interno se forja con bases sentimentales de pertenencia, manda la tribu irreductible sobre la sociedad civil descompuesta. Unos fascistas y otros golpistas.
Europa tiene el 7,5% de la población del mundo, el 25% del PIB y el 50% del gasto social global. No hemos podido aprovechar el brexit al estar polarizados. El tema catalán cuestiona la nación y la forma de Estado, por ello combaten contra la Constitución, ya abierta con la Ley de Memoria Histórica, y a su vez contra la Jefatura del Estado.
Ligado al Estado está su territorio, donde se segmenta la economía en autonomías no controlables, que huyen del mercado único, generando reglas propias, son las nuevas repúblicas carlistas. Desacreditar la justicia está en el guion, como hemos visto en la formación del Tribunal Constitucional. En las hipotecas, que han desfigurado el mercado hipotecario. En el conflicto del salario mínimo y su afección singular sobre el régimen de los autónomos.
Se polariza la escuela con mecanismos políticos ajenos a ella, recortando la religión y la enseñanza diferenciada, consolidada por el Constitucional. Se suprime la demanda social de la escuela concertada. Se desmonta el principio del mérito y esfuerzo, y se aprueba sin aprobar. Se deja en manos de las autonomías el uso de la única lengua oficial. Sin alternativas se abandona el Pacto de Toledo, actualizando los 9,6 millones de pensionistas, la primera fuerza electoral del país, con un problema añadido de natalidad, de urgencia nacional y que no se aborda, poniendo en riesgo la sostenibilidad del sistema. Con todo ello se rompe la normativa Bolkestein, de liberalización europea, el Tratado de Lisboa que conforma la actual UE. No es extraño que el actual presidente opte por salir volando al exterior, donde defiende lo contrario que aquí ha polarizado y según oportunidad.

