Uno se levanta cada día en este país inmerso en la incertidumbre, después de haberse ido a la cama con el susto metido en el cuerpo. No hay sosiego. España es una sucesión de disparates lanzados al azar sobre su población, que como está acostumbrada a recibirlos ya ni siquiera se inmuta. Esta semana se ha llevado la palma. Ha dimitido un presidente -in pectore- del Tribunal Supremo, se ha ido a hacer puñetas el pacto político/judicial, se habla ya de macro elecciones para mayo: europeas, legislativas, autonómicas, insulares y municipales. Y no pasa nada. Las cuentas no se aprueban, la derecha no se une (y perderá mientras no lo haga) y la izquierda toma posiciones, con un Sánchez más creído que nunca y cometiendo más despropósitos que nunca. Yo no me puedo fiar de un tipo que copia una tesis doctoral, ni de otro –Casado- que aprueba casi toda la carrera en un curso, como hizo Lerroux en La Laguna. Lo que pasa es que Lerroux era mucho más listo que Casado y, además, antes la gente no hacía otra cosa que empollar, así que bueno. Cuando la vieja Escuela de Periodismo venían aquí algunos rebotados de otros centros, casi todos parientes de ministros y de otra gente del régimen, a aprobar los ingresos y las reválidas. Algunos lo consiguieron. En realidad siempre hemos sido colonia, aunque ni Sánchez copió la tesis aquí, ni Casado corrió aquí su maratón académico. Quien es capaz de cometer esas tropelías no puede dirigir un país, aunque sea un país de tramposos, como siempre ha sido España. Me da vergüenza contemplar el elenco político nacional. Si jugaran al fútbol estarían en segunda regional. Qué desastre. Y quede claro: si la derechona no se une, la izquierdona la aplasta. Esto está más claro que el agua.
Susto tras susto
Uno se levanta cada día en este país inmerso en la incertidumbre, después de haberse ido a la cama con el susto metido en el cuerpo
