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despuÉs del paréntesis

Acusados

Cuentan que Woody Allen está hundido, que el acoso personal lo ha llevado al ostracismo e, incluso, a la intratabilidad. Como profesional, como director de cine tiene los días contados. Incluso su última película no se estrenará. Sus quebrantos lo son por las mujeres, eso que ha hecho que lo hayan acompañado varias de ellas en la cama y que se diera a formalizar el intercambio con una tal Mia Farrow, la que lo acusa de haber violado a su hija (y la niña lo repite). Además tuvo a bien el genio optar por una joven hija adoptiva de la susodicha y eso las casadas no lo perdonan. La acusación (que ya revisó un tribunal y no condenó a Allen) es lo que asienta el principio. Los actores que fueron sus estrellas lo abandonan y los estudios retiran el dinero para que siga dando muestras de su ingenio. ¿Tiene remedio este mundo? Woody Allen lo manifestó. Ha trabajado con centenares de mujeres a lo largo de su vida. Que una sola pruebe que la acosó. Por eso las películas de Hitchcock habrán de ser retiradas de la historia del arte porque (al parecer) le gustó, sin razón, una de sus aclamadas actrices. ¿Es perverso reconocer la complejidad sexualidad de las personas? Nadie tiene derecho a la represión ni a tapar la expresión libre de los que son homosexuales, lesbianas, bisexuales o a los que le gustan las jóvenes (como a Chaplin).

Otro de los apestados por el sistema, a causa de su condición sexual (le gustan los jóvenes), Kevin Spacey, sale a la escena con un video en el que vuelve a encarnar al personaje del que lo han separado, Frank Underwood. Una frase suena ahí: “Déjame ser Frank”. Que vale tanto como pedir consenso para la sinceridad, que no se oculte el ser, que no se le prive de pensar y de decidir. Resulta la derrota, y en la derrota cabe redimirse con la fuerza, con dar la cara, eso a lo que nos agarramos los humanos para no desaparecer de este mundo.

No cabe malinterpretar o hacer la vista gorda ante los delitos, sea quien sea el infractor; cabe ser radical al respecto. Pero detrás de los hechos siempre se encuentran personas y nadie está obligado a sufrir o a ser sentenciado sin pruebas que lo acrediten.

Kevin Spacey espera juicio en Massachusetts por abusos. No sabemos si será culpado o no; Woody Allen persevera en que la solvencia no expire. Entre tanto igual deban arriesgarse al exilio, regresar a Europa. Allen desdibujará Manhattan de su sueño y Spacey rescatará el spaghetti western. Acaso ambos, si la justicia no informa peor de lo que esperan, tengan futuro.

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