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el charco hondo

El optimismo mágico

A quienes sí saben de psicología positiva les resulta bastante sencillo establecer las diferencias entre el optimismo inteligente y el pesimismo. Cuentan que todos tenemos hábitos de pensamiento, una manera determinada de interpretar la realidad, un estilo explicatorio. Hay quienes se recuperan rápidamente de los contratiempos, gente capaz de reducir los males a la temporalidad, inteligencias hábiles en la gestión de los días curvos, acostumbradas a restar gravedad a los acontecimientos centrándose en los aspectos menos preocupantes que las situaciones ofrecen, personas que solo dan permanencia a las cosas buenas que pasan. También están los que no se dejan enredar por los fracasos o cuando vienen mal dadas, son quienes acotan espacial y temporalmente la mala noticia, esos que no ven en los hechos negativos argumentos suficientes para dejar que esa parte contamine al resto; a juicio de este segundo grupo, lo malo es tan coyuntural como estructural lo bueno que nos ocurre. Un tercer perfil lo representan quienes lejos de castigarse, en penitencia por los errores cometidos, optan por aprender de ellos y convivirlos positivamente. Y luego, junto a estos tres primeros grupos, está el caso (único) de la directora del Instituto Canario de la Vivienda, María del Pino de León, quien, madrina de un optimismo aún no catalogado por los psicólogos, ha afirmado que el problema de la vivienda que tienen las Islas estará resuelto en dos o tres años. En Canarias arrastramos un déficit brutal de viviendas, que ronda las 40.000. Los precios, sea para adquisición o alquiler, empeoran y de qué manera las expectativas. Según algunas estimaciones, esa escasez podría alcanzar las 140.000 viviendas en 2031, cifras emparentadas con un contexto en el que desde lo público no se puede/sabe dar respuesta a un ritmo mínimamente significativo, y donde lo privado habla de ayudas para que le resulte atractivo promover. Con este cuadro, cuando la directora del Instituto dice que en dos o tres años el problema de la vivienda estará resuelto deja mudos a los psicólogos que estudian los síntomas del optimismo, obligándoles a revisar a la baja los perfiles de otros optimistas, que comparados con María del Pino de León son pesimistas irrecuperables. Mark Stevenson recogió algunas características de gente así en su Liga de Optimistas Pragmáticos, que ahora tendrá que poner al día para incluir el caso de la directora, posiblemente primero conocido de una categoría que ella ha estrenado: el optimismo mágico.

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