Se va a la mierda otro año, y la expresión dista mucho de ser sólo soez. Tan real como lo que está sucediendo. Los lectores me dicen que no abuse del pesimismo; y tienen razón. Una joven y guapa abuela me aborda en el Club Oliver para decirme que no escriba tantas veces que estoy acabado, ni que soy un viejo, porque no es cierto. Se lo agradezco, pero ahora lo más que me hace daño es acceder a las noticias del mundo, a las noticias de todos los días. En el más absoluto secreto les diré que siento verdadera tirria por el hombre que preside nuestro Gobierno central y qué no decir por los políticos separatistas catalanes, mentirosos, sectarios y manipuladores. Ellos saben que no van a conseguir la república, pero han logrado vivir y cobrar sin trabajar, engañando a su propio pueblo y sembrando el caos donde tenía que reinar el orden. Además, con su ridículo actuar no es que denigren a las instituciones españolas, sino que repiten su propia historia y sus errores espantosos, así que, además de sectarios y todo eso, son unos cencerros de mucho cuidado. En fin, puede que esta sea la razón de mi pesimismo y puede que el motivo de que a ustedes, desocupados lectores, les dé la impresión de que me he vuelto un viejo carrucho y protestón. Puede también que sea una falsa alarma solamente, pero lo dudo. Una parte de España se ha convertido en un lugar sin ley, en una especie de Venezuela en donde mandan personajes de la catadura pública y moral de Torra, Colau, Mas, Torrent y toda la basca. Ellos mismos se están enterrando, pero a mí me afecta a los nervios. De ahí mi pesimismo, querida amiga, de ahí mi deseo de que este año se vaya cuanto antes al carajo. Feliz año nuevo.
