Los indicios son patentes. El PP manifiesta su verdadera ideología después de que el señor Casado alcanzara su gobierno. Por eso, y dado que Vox es un partido con valías y con consecuencias, ha de pactarse con ellos. Necesitan sus votos para acceder a la presidencia y gobierno de la Junta de Andalucía, cosa a la que no solo aspiran, sino que se creen con derecho aunque no hayan ganado las elecciones. De ese modo la derecha (son de derechas) quedará ecuánime en esa comunidad autónoma, con síntomas que señalan las preferencias y las paridades. Mas hete aquí que Cs anda con una mano delante y otra detrás. Los atisbos de socialdemócratas que acreditaron en su momento acaso aún les alcancen. De lo cual se deduce que una fotografía con esos compañeros de viaje los situaría lejos del lugar que han elegido y que les corresponde. Las elecciones generales están a la vista y un desliz de tal calibre los privaría de rascar en el centro o incluso en el desencanto de la izquierda moderada. Se verán retratados en la radicalidad de Casado y de los populistas de la ultra. Perderán aquí (se dicen) y perderán en Europa. Porque ¿qué explicarán a los liberales amigos del continente que nombran Viejo por sus deslices?
Cuestión a entender por más de compleja. ¿Qué hacer? Dos cosas. Una, que el PSOE se avenga a reconocer su espectacular derrota de cerca de cuarenta años y que (en siendo buenos) les preste la abstención para no descubrirlos y dejar impolutas sus resoluciones. Eso, por demás, no sería extraño. Por semejante responsabilidad política y patria Mariano Rajoy aprobó unos presupuestos en el parlamento español. Luego hay antecedentes. Que se avengan. La segunda sería que Vox, en atención a sus ruegos saludables, bajen el pie del acelerador y publiquen un nuevo programa electoral en el que la Constitución resiste, Europa no se muda de lugar, las mujeres vuelvan a la senda de sus derechos y los inmigrantes negros cambian el color por uno menos llamativo. Con esas premisas el diálogo será más razonable.
Si de ese modo ocurriera, el PP quedaría arrinconado y ellos proclamarían airosos la campanada del porvenir. No sería raro; la política es compasiva. Porque se guardan una tercera posibilidad. Los números dan para ello. ¿Y si el señor Rivera, dada la que cae, le diera sus votos al PSOE para gobernar en armonía? Es posible que, en ese caso, el señor Moreno Bonilla se vea obligado a contratar misas de difuntos y Vox a proclamar su airado rezongar. Cosas veremos.
