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tribuna

Hurto a Canarias, por Arturo Trujillo

Como si de los tres magos de Oriente se tratase, Sánchez, Calvo y Batet desembarcaron en Barcelona para, desde el Palacio de Pedralbes, escenificar y sentenciar un nuevo atropello a los intereses de Canarias

Como si de los tres magos de Oriente se tratase, Sánchez, Calvo y Batet desembarcaron en Barcelona para, desde el Palacio de Pedralbes, escenificar y sentenciar un nuevo atropello a los intereses de Canarias. Y es que esta cabalgata pre-epifánica, además de dejar en Cataluña unos 1.000 millones de euros para su red ferroviaria, también depositó en la Generalidad una parte de los 2.134 millones de euros -más de 300 millones de euros- que el ministro Ábalos prometió invertir en convenios de carreteras, obras hidráulicas e infraestructuras educativas de las islas, durante los próximos ocho años. Y encima, el mismo ministro nos echó en cara que se hayan invertido 1.000 millones en la bonificación de las tarifas aéreas. Pero claro, el presidente Sánchez necesitaba ese dinero para que los partidos independentistas catalanes votasen a favor de las nuevas cuentas del Estado que entrarán en el Congreso de los Diputados el próximo mes de enero. Y es esa falta de ética de los componentes de esa cabalgata anunciadora de lo que iban a acordar al día siguiente en Consejo de Ministros la que ha vuelto a recordarme el fantasma del Plan Canarias. Aquella Estrategia Integral para la Comunidad Canaria que nunca llegó a existir, pero que Zapatero, con la aquiescencia de Paulino Rivero como cómplice necesario, vendió a los canarios el 9 de octubre de 2009, después de un Consejo de Ministros celebrado en Las Palmas. Un Plan que ZP dijo que estaría dotado con 25.000 millones de euros a invertir durante los próximos diez años, pero que al final se convirtió en agua de borrajas. Ni un euro. Fue algo así como esa fábula del parto de los montes.

Pero a fecha de hoy, lo que no termino de entender es la posición adoptada por el presidente Clavijo en relación con el recorte de esos más de 300 millones de euros por parte del Gobierno central. No entiendo cómo, ante tal ignominia, haya aceptado, por ejemplo, firmar el convenio de carreteras. No entiendo cómo nuestro presidente, por un lado llama “hurto a Canarias” a esa decisión del Ejecutivo de Sánchez, pero luego, y a pesar de tan duro calificativo, se atreve a enviar a su vicepresidente Rodríguez para que firme un documento con el que, en mi opinión, da por sentado y aceptado que ese hurto que él ha denunciado no existió. Y el hecho de que Clavijo plante a Ábalos no creo que sea suficiente. Debió hacerlo todo el Gobierno regional. Porque si dices que te han robado, no vayas 48 horas más tarde a firmar una declaración en sentido contrario. Se lo ha recordado también la diputada nacional de su partido, Ana Oramas, al advertir que ese recorte forma parte del precio con el que Sánchez ha vendido Canarias para hacerse una foto con Torra. Y eso es imperdonable.

En fin, que el fantasma del Plan Canarias volvió a reaparecer y a sobrevolar de nuevo las islas. Y parece como si Coalición Canaria (CC), después de tantos años gobernando estas ínsulas, aún no haya aprendido de los errores del pasado. Y ha vuelto a caer en las añagazas que algunos gobiernos utilizan para intentar evitar sus compromisos. Algo que no parece lógico si tenemos en cuenta que CC, cada vez que algo anda mal, siempre ha utilizado a Madrid como chivo expiatorio. Pero en esta ocasión no ha sido así. Y es muy extraño. Desde las filas nacionalistas saben muy bien que esos vaivenes de los gobiernos de turno, en relación con la distribución territorial de los dineros públicos, no son nada nuevo. Es algo que recidiva cada cierto tiempo. Y ahora, nos ha vuelto a tocar.

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