
Falleció en Madrid, mientras dormía, Luis Mardones Sevilla, 80 años. Me unía a él una gran amistad, desde sus tiempos de gobernador civil de Santa Cruz de Tenerife. Fue 16 años diputado al Congreso, con la UCD y con Coalición Canaria. Cuando leí, en los 80, mi tesis doctoral en la Universidad Complutense, Luis Mardones estaba en primera fila. Resulta que mi trabajo versaba sobre la prensa patriótica en Tenerife durante la guerra civil española. El cabo Lucio Mardones, padre de Luis, cabo de Asalto, era amigo del teniente del mismo cuerpo Alfonso González Campos, posiblemente el primer mártir de la Guerra Civil en la Isla. Murió fusilado por intentar guardar el orden constitucional, acudiendo con sus guardias al Gobierno Civil, a defender al poncio, Vázquez Moro, hecho preso por el comandante Moreno Ureña en nombre de los golpistas de Franco.
González Campos, teniente de Asalto, fue fusilado, a pesar de que la isla entera le pidió a Franco su indulto. Sus guardias y él no pudieron impedir el golpe de Estado y en el tiroteo de la plaza de la Candelaria murió el falangista Santiago Cuadrado y un guardia de Asalto, el cabo Muñoz Serrano. González Campos, Santiago Cuadrado y Muñoz Serrano tienen calles dedicadas en la capital tinerfeña. Esto dice mucho del talante de Santa Cruz, que también fue capaz de dedicar una calle a Horacio Nelson y otra al general Gutiérrez, su vencedor.
Lucio Mardones, padre de Luis. Fue el encargado de acudir al norte de la isla a colocar el bando de guerra en todos los tablones de anuncios de los ayuntamientos. Yo lo conocí, ya muy anciano. Su hijo, Luis Mardones, que falleció en la madrugada del sábado al domingo, mientras dormía, se había caído y golpeado en la cabeza hacía unos días. Pero la que no pudo superar fue la muerte de uno de sus hijos. Podría decirse que murió de tristeza.
Había sido gobernador civil de Lérida y de Santa Cruz de Tenerife, tenía en su poder (entre otras prestigiosas condecoraciones) dos grandes cruces (la del Mérito Militar y la del Mérito Agrícola), era doctor en veterinario y presidente de la Academia de Doctores de España. Había estudiado Derecho y Graduado Social, era inspector veterinario, funcionario del Ministerio de Agricultura y había sido dos veces subsecretario y una vez presidente del IRYDA.
Coalición Canaria, como hace siempre, lo abandonó. No lo presentó más veces en sus listas (fue diputado al Congreso durante 16 años, como he dicho) y Luis se retiró prematuramente de la política en 2008, él, que era un político profesional. Sus cenizas serán esparcidas por la isla que tanto quiso. Ahora, los miembros más destacados del partido por el que trabajó sin desmayo -CC- lo ponderarán mucho, pero lo cierto es que le dieron la patada cuando creyeron que ya no les hacía falta. Luis siempre hizo falta a todo el mundo.
Jamás tuvo un no por respuesta y en 1989, cuando el Congreso quería investir -sin votos suficientes- como presidente a Felipe González, el sufragio de Luis Mardones propició que el socialista liderara Gobierno. Entonces yo escribí un artículo que se tituló El disputado voto del señor Mardones. En él dije que pudo más su sentido de la patria y del Estado que consideraciones pequeñitas de su partido y de la propia política. Entonces me comentó: “¿Y qué querían, que yo abandonara mi responsabilidad institucional para seguir un capricho de mi partido? ¡Ni hablar!”.
Se ganó el respeto de las Cortes no sólo por su actitud sino a causa de su talante conciliador y cercano. Recibía y escuchaba a todo el mundo. Tengo un ejemplar de la Constitución, en miniatura, metida en una caja redonda de metal, muy bonita, una edición limitada, que él me regaló y que desde entonces está encima de la mesa de mi despacho.
El amor que sentía por Lola, su esposa, y por sus hijos, era grande. Me cuentan que no pudo superar la muerte de uno de sus hijos, fallecido de cáncer hace poco tiempo. Esta muerte afectó muchísimo a este hombre bueno, a este caballero de la política, que nos ha dejado, un tanto olvidado por la isla que, sin embargo, él nunca olvidó. Residía en Madrid, pero tenía también casa en Tenerife, la que heredó de sus padres. Luis era hijo único y fue un hombre ejemplar en el cuidado y la atención de sus progenitores.
Descanse en paz este amigo. La noticia de su fallecimiento, que me dio ayer, temprano, Juan-Manuel García Ramos, me afectó mucho. Hablé con Juan-Manuel sobre Luis. También con el ex presidente Fernando Fernández, que se encontraba en La Palma. Y con Juan Acosta, el médico y alcalde de Santa Úrsula. Los tres con una opinión unánime: un caballero. Se ha ido uno de los buenos, qué le vamos a hacer.
Este era un obituario que no hubiera querido escribir nunca, pero se lo debía al amigo. Cuando lo nombraron gobernador civil de Santa Cruz de Tenerife -ya lo era de Lérida- llamé a todo el mundo en busca de una foto de Luis Mardones. Al final me la envió Antonio Cos, pariente suyo. Yo era subdirector de este periódico, en tiempo casi inmemorial. Tuvo que lidiar Mardones con los avatares de la bendita Transición y tomar decisiones muy difíciles, a veces incomprendidas. Pero el balance de su vida personal es enormemente positivo: y el balance de su vida política también. Ya nos veremos, amigo. Y repito: descansa en paz, allá donde habitan los buenos.
