Avisos políticos

Pavana para una Constitución (casi) difunta

Hoy se cumplen cuarenta años del referéndum mediante el cual el pueblo español en su conjunto aprobó el Proyecto de Constitución

Hoy se cumplen cuarenta años del referéndum mediante el cual el pueblo español en su conjunto aprobó el Proyecto de Constitución. Con motivo de este aniversario se han programado los fastos institucionales de rigor y las celebraciones habituales, que incluyen actos académicos, conferencias y homenajes. En los medios de comunicación hemos podido -y podemos- oír o leer los acostumbrados y tópicos elogios provenientes de personajes públicos y privados. Y en todos ellos se nos recuerda insistentemente que fue una fecha decisiva en nuestra vida colectiva porque este país culminó así con éxito un modélico proceso de transición pacífica hacia la democracia, dotándose de una Constitución propia de un Estado social de Derecho, homologable con las Constituciones de los Estados de nuestro entorno y aún superior en varios sentidos a las de muchos de ellos.

Eso se ajusta a la verdad de los hechos, por supuesto. La transición española hacia la democracia es cierto que fue modélica, y su comparación con otras transiciones, como las iberoamericanas, repletas de incesantes venganzas y revisiones de la Historia, nos muestra suficientemente sus virtudes. Gracias a esa transición, España cuenta, por vez primera en su historia, con una Constitución que no es el fruto de la imposición de medio pueblo español sobre el otro medio, con una Constitución de consenso y no de ruptura que no sirve para que media España le hiele el corazón a la otra media.

Sin embargo, creemos que ha llegado la hora de abandonar y superar los elogios al uso a nuestro texto constitucional, elogios retóricos y hueros las más de las veces, y empezar a llamar a las cosas por su nombre. Es necesario -sería bueno para nuestra buena salud democrática- comenzar a denunciar que los actuales intentos gubernamentales y partidistas de abrir una segunda transición desde el populismo sectario, antisistema y excluyente no sólo cuestionan la primera, sino que ponen en peligro lo que trabajosamente hemos construido en estos cuarenta años, incluyendo la Constitución. Pavana para una infanta difunta es una breve obra para piano de Maurice Ravel, que también compuso su versión orquestal. La obra evoca la sobria elegancia de una recepción en la Corte Real de España, así como el grácil movimiento de una infanta que baila los pasos de una pavana.

En la ucronía Pavana, de Keith Roberts, la reina Isabel I de Inglaterra ha sido asesinada en 1588, y el caos civil subsiguiente permite a Felipe II y su Armada Invencible hacerse con el control del país. Después, aprovechando el poder de Inglaterra, el movimiento protestante europeo es aplastado, el catolicismo se impone y la Iglesia Católica Romana recupera el control y el dominio del mundo. Eso significa una civilización atrasada tecnológicamente en la que no se ha producido la Revolución Industrial.

La Pavana de Ravel es un canto a un triste pasado español decadente y sin futuro desde un presente francés pujante y esperanzado. La Pavana de Keith Roberts es una tétrica alternativa de pasado desde la visión protestante y anglosajona que identifica a España y al catolicismo con el atraso, el oscurantismo y la reacción. En ambas se muestra lo que llegaremos a ser si seguimos irresponsablemente matando nuestra Constitución.