SUPERCONFIDENCIAL

Un rato en Monóvar

He estado en Monóvar, provincia de Alicante, la patria chica de Azorín, tan cantada por el maestro. El pueblo está en ruinas

He estado en Monóvar, provincia de Alicante, la patria chica de Azorín, tan cantada por el maestro. El pueblo está en ruinas. Es el más feo que he conocido en toda mi vida. La casa-museo de Azorín estaba cerrada: era sábado, justo el día que no deben cerrar los museos. De Azorín, aparte de sus maravillosos -y generosos- relatos sobre Monóvar, sólo queda un busto, bien hecho pero pequeñito, en el centro del pueblo, junto a un bar. Ni siquiera pude almorzar en el pueblo. Entré en un restaurante y olía mal, había mucho eco y no me pareció apropiado para mis gustos culinarios ni estéticos. Azorín se hubiera avergonzado hoy de su pueblo, horroroso, creo que gobernado por el PSOE. A lo mejor es horroroso por eso, aunque he visto pueblos en los que gobierna este partido que son muy bonitos. Pero la izquierda se afana más en la discusión estéril que en el embellecimiento de los pueblos de España. En la casa-museo de Azorín, donde vivió el gran escritor de Monóvar, se conservan los 17.000 volúmenes de su biblioteca y recuerdos del maestro. Monóvar no está lejos de Alicante/capital, otra ciudad fea en su centro urbano, bella en su zona marítima. Estuve en Benidorm, donde pasé tres días. Para mí Benidorm es la belleza vertical que no logró el Puerto de la Cruz sino con el edificio Bel-Air, al que ha salvado el Cabildo. Ahora el Supremo ha ordenado derribar dos rascacielos hermosos de Benidorm, alzados junto a su playa; no me lo explico. Los jueces son en algunas ocasiones los grandes matarifes de los arquitectos y eso lo detesto. Fíjense lo que ocurrió aquí con el edificio de Perrault. En fin, me retraté junto al busto del maestro, pero les advierto que Monóvar es el pueblo más feo del mundo. Compré allí lotería de Navidad; igual tengo suerte.