Instantáneas

Venezuela al alcance de Canarias

La relación de Canarias con Venezuela, que es histórica, sigue estando en el campo emocional: es el recuerdo del tío que se fue, de los primeros electrodomésticos que se recibieron, del emigrante que regresó rico, del pequeño agricultor que sembró extensas tierras, de las esposas que aprendieron a hacer hallacas o arepas o de los ...read more →

La relación de Canarias con Venezuela, que es histórica, sigue estando en el campo emocional: es el recuerdo del tío que se fue, de los primeros electrodomésticos que se recibieron, del emigrante que regresó rico, del pequeño agricultor que sembró extensas tierras, de las esposas que aprendieron a hacer hallacas o arepas o de los hijos que nacieron en tierras ajenas y luego recuperaron su origen. Relatos familiares, afectuosos y entrañables; relatos de ganancias y revelaciones. Pero ahora la narrativa no es de celebración, sino de ausencia: lo que aquel país ha dejado de ser o de dar. Entonces el relato se esfuma hacia una senda del reverso, y todo lo que se cuenta tiene que ver con carencias, fallas, pérdidas o muertes. Seguimos en el campo de lo emocional, pero hemos pasado de la épica a la tragedia. No hay reflexión que vaya más allá de episodios puntuales: el tío que no regresa porque no puede vender su negocio, la hija que debe terminar la universidad, el dinerillo sudado que ya no vale nada, el horizonte incierto del emigrante retornado.

Más allá de idas y venidas, de corazón que palpita o decae, ya va siendo hora de que esa relación cambie: que deje lo emocional y se vuelva madura, sobre todo cuando el país que tanto ha dado es el que ahora necesita del apoyo de los que tanto alimentó y vio crecer. España está llena de emigrantes venezolanos, pero ninguna región puede hablar con mayor propiedad de esa relación que Canarias, y con más razón porque los tiempos exigen que ahora sea de altura, donde el análisis, los diagnósticos o los programas de ayuda sean bien pensados. ¿Por qué no empezar, por ejemplo, con la cultura, tratando de que lo que allá se borra acá se mantenga o reproduzca? Nadie piensa en el país cuya memoria quiere ser borrada, cuyos valores quieren ser enterrados, cuya experiencia democrática de cuatro décadas quiere ser erradicada. ¿Qué esperamos para traer a los grandes historiadores venezolanos, para invitar a sus importantes poetas, para reconocer a sus aventajados artistas visuales? No sólo es cuestión de correspondencia; es una operación de salvamento, de rehacer el tejido memorioso que se pierde con cada día que pasa, y no sólo por omisión sino por propósito doctrinario.

Venezuela está al alcance de Canarias porque el archipiélago ha sido tierra de emigrantes. Si hoy se está generando una narrativa colosal de migración forzada, ¿no se puede comparar ésta con las que ha vivido Canarias durante el siglo XX? Hay más de un punto de convergencia para analizar fenómenos que han sido comunes, desgracias que hemos compartido en tiempos dispares. Canarias no puede ser indiferente al daño que se ha hecho y que también afecta a sus propios migrantes. Tiempos para pensar en quien ahora desfallece, tiempos para reaccionar y revivir al enfermo que cuando estuvo sano no dudó en curar nuestras heridas.