el charco hondo

Así murió

Ocurrió en Francia, y fue hace solo cuatro o cinco jueves

Ocurrió en Francia, y fue hace solo cuatro o cinco jueves. Después de algunos años, no muchos, más bien pocos, desfigurándose tan lenta como imparablemente, el durante décadas de gobierno u oposición todopoderoso partido socialista francés desapareció. Parecía imposible, pero pasó, y así fue porque cuando un partido deja de ser reconocible para su base sociológica, que desorientada opta por desentenderse o en su caso por dejarse llevar por otras propuestas fáciles de digerir, lo impensable deja de serlo para adentrarse en el terreno de lo probable. Los socialistas franceses, en los años inmediatamente anteriores a su entierro, arrastraron un discurso que se parecía solo a ratos al de Hollande, carecieron de un relato compartido y renunciaron al medio o largo plazo. Como bien lo contó años atrás Sami Naïr, así murió el partido socialista en Francia. ¿Puede llegar a desaparecer el PSOE? Resulta difícil imaginarlo, pero también costaba visualizarlo a los franceses. España ha necesitado, y sigue necesitando, un buen PSOE. Al país le viene bien contar con un partido con su robusta implantación territorial, tanto en el ámbito autonómico como, sobre todo, en el municipal. Sin embargo, se le multiplican las bocas de agua, y no faltan razones para no descartar que Pedro Sánchez esté llevando al partido a la lenta liquidación que describe José Antonio Zarzalejos, quien en un análisis tan duro como argumentado recuerda que, junto al caso francés, los socialistas españoles deben reparar en lo que ha ocurrido con sus similares en Italia, Alemania o los países nórdicos. El problema del PSOE es que con Pedro Sánchez sus simpatizantes no saben a qué atenerse, no son capaces ya de saber dónde están, o cómo, o con quién. Quienes votan socialista son conservadores; a su manera, pero conversadores, poco amigos de imprevistos o improvisaciones que constituyen los pilares del sanchismo. Los andaluces han consagrado a Sánchez como el líder que las derechas necesitaban para resucitar, y puede que también los andaluces se encarguen de anunciar que sin el PSOE la vida sigue, que es posible una escena donde otros partidos ocupen el espacio electoral que históricamente han rentabilizado los socialistas. El problema del PSOE no está en la derecha, tampoco a su izquierda. El problema lo tienen dentro.

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