superconfidencial

El correoso Pablo

Me parece que fue Oscar Wilde quien dijo que “la literatura no se lee y el periodismo es ilegible”. No sé en su época, pero hoy no le faltaría razón. Estamos en el tiempo de las fake news, pero no la es que Errejón haya mostrado en la televisión su diminuta cocina del piso de alquiler que ocupa para burlarse del casoplón del correoso comunista Pablo Iglesias, que le costó oficialmente 600.000 euros, aunque algunos dicen que fueron 400.000 más. Y, encima, dentro de un paraje natural protegido, en el municipio de Galapagar. Este es un país en el que los periodistas han empleado diez días, en turnos de 24 horas, para hablar del desgraciado accidente de un niño que cayó a un pozo y que fue rescatado muerto. Ni en las más duras películas del cine negro americano había ocurrido algo así. Ha sido el mayor exponente del abismo en el que ha caído el periodismo, haciendo morboso negocio con la vida de un niño, que además murió el mismo día del accidente. Todavía estaban hablando, diez días después, de que el pequeño podía estar vivo. Hace falta ser idiotas e ilusos. Yo hace mucho tiempo que no creo en el periodismo, ni siquiera en el que yo hago, así que soy el primer culpable de esta desagradable ola de estupidez que invade a la profesión, eternamente huera de autocrítica. Una profesión que tiene dos nortes: el de los desarrapados y chicos terribles que manejan papeles y más papeles para descubrir corruptelas (la mayoría de ellas puras mentiras) y el de los pijos y pijas que siguen creyendo que los periodistas son los dioses que venera la sociedad. Cada día vemos ejemplos de ambas tendencias. Me gustaría decirles a todos que se fueran a tomar por saco, pero no me atrevo porque corro el peligro de incluirme en el paquete.

TE PUEDE INTERESAR