el charco hondo

La nueva política se hizo vieja

A medio camino entre el dogmatismo y la ignorancia, han optado por la repetición de los discursos y categorías que describían y explicaban un mundo que ya no es el caso. Ahora, cuando lo que toca es reformar esa transición de la que reniegan, no disponen ni de discurso ni de propuestas a la altura de lo que se necesita, por la sencilla razón de que nunca pensaron en el asunto. Probablemente en esto se sustancie todo, no es que hayan envejecido prematuramente, es que nacieron viejos. Así de bien, en apenas unas líneas, Manuel Cruz resume el nacimiento, y muerte temprana, de lo que durante estos años hemos conocido como Podemos. Errejón ha culminado la defunción de lo que esa formación significó, pero ni de lejos la culpa es suya. Aquel movimiento ciudadano ha sido devorado por su padre principal. Podemos es historia. Se acabó. Fin. Punto final. Sus huérfanos, los hijos que pululan por las instituciones, despiertan estos días fatalmente avejentados, son lo anterior a esto, representan lo que fue, suenan a lo de antes, huelen a algo que ocurrió, son el árbol que se secó. Nada o menos importa ya si continúan hablando con qué siglas. Ya es otra cosa. Pablo Iglesias vampirizó la idea inicial, poco a poco, con descaro; y lo hizo con sus forofos aplaudiendo en cubierta el naufragio de quien, endiosado, desguazó el movimiento original para convertirlo en un partido al uso, sustituyendo la primera personal del plural por la primera del singular, él o el caos, bendecir su hipoteca o el vacío, él, él, él. Podemos es pasado reciente. Ahora solo quedan los restos, el pablismo, otra cosa, lo anterior a Carmena, alcaldesa que junto a Errejón visualizamos como algo nuevo, provocando que los parroquianos de San Pablo queden antiguos. Podemos, en verdad, murió hace tiempo. Hace tantos meses, o años, como han pasado desde que Iglesias lo fue enterrando en vida. El pablismo que aún se sienta en parlamentos y ayuntamientos (y aquí en los cabildos) es ayer, ya sin la transversalidad, sin la fuerza que les daba ser diferentes a las estructuras tradicionales, convertidos en más de lo mismo. No desaparecerán, no es eso; pero ya son, ni serán, algo distinto. Se veía venir. Muchos lo dijeron. Muchos lo escribimos. Denunciamos que estaban envejeciendo a la velocidad de una luz que Iglesias quiso para él solo. O puede que, como apunta Manuel Cruz, en realidad el problema esté en que nacieron viejos. La nueva política se hizo vieja.

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