Días y semanas después de su reciente concilio, sigue resultando complicado averiguar cómo el PP ha llegado hasta aquí. No es fácil recordar de dónde vienen. Tampoco parece sencillo saber cuándo ocurrió lo que ocurrió, durante los años y décadas que precedieron a Casado. Si los hermanos Coen escribieron (y dirigieron) El hombre que nunca estuvo allí, en la que contaron la historia de aquel barbero sumergido en la rutina de los días normales de una ciudad aún más normal, este PP presentó en sociedad hace semanas, y ahí siguen, una versión libre de aquella película, que bien podrían titular Los hombres que nunca estuvieron allí. Según la reconstrucción que el PP de Casado hace de sus antecedentes más o menos recientes, Rajoy nunca estuvo allí. Aunque su sombra reptó por las paredes de la convención, quedó esotéricamente claro que este PP se avergüenza de quien fue presidente del Gobierno hasta hace tres jueves, silencian su tiempo, esconden la etapa inmediatamente anterior a todo esto, metiéndolo en el cuarto trastero, apartado por sucesores que apenas lo dejaron asomarse. No termina ahí la inquietante desaparición del pasado que ha activado el grupo de Casado (equipo que, según apuntan algunas voces del partido, se reduce a Pablo y a Casado). Borrando huellas terrenales, han resucitado a José María Aznar, recibido por su hijo más pródigo con aires místicos. Claro que el regreso de Aznar lo han conjugado en presente perfecto, empapándolo con colonia de recién llegado, porque Aznar tampoco estuvo allí. Rajoy no existió, ni Soraya, ni quienes lo acompañaron más de cerca. Y Aznar tampoco estuvo allí porque él, guardián de las esencias, acaba de descender del cielo para marcar el camino a las ovejas que Rajoy perdió o echó a perder. Así las cosas, según el PP nada de lo que pasó con José María Aznar (dirigiendo con una mano el Gobierno, y con la otra el partido) debe ser recordado como la etapa de Aznar. Aquello no fue. En adelante, cuando se recuerden los episodios de esos años no sabremos a quién atribuirle la paternidad o la condición de actor principal de tamañas verbenas, y no será posible porque, al parecer, José María Aznar nunca estuvo allí. En ese tono que funde euforia y pánico, este PP ha decidido que nadie estuvo allí. Casado tampoco, claro que no.
