Addoor Sticky
el charco hondo

Pedrochos

Como su propio nombre indica, la nochevieja es vieja

Como su propio nombre indica, la nochevieja es vieja. Tiene en la reiteración de los ingredientes su espina dorsal, así que difícilmente las televisiones van a ofrecer durante esos minutos propuestas modernas, distintas. El truco consiste en aparentar cambios sin cambiar absolutamente nada. Venden recuerdos, nostalgia, porque saben que eso es lo que queremos comprarles. Dejándonos llevar por la ficción de tiempo nuevo que dibujan los primeros de enero, celebramos que hemos llegado al siguiente futuro, pero lo hacemos abrazándonos al pasado, porque es allí, en lo ya vivido, donde nos sentimos más seguros, menos vulnerables. La nochevieja es sobre todo vieja, y cuarenta años en blanco y negro explican que cuando en este país se rescata el pasado reciente no tarden en asomar tics viejunos, caspa, síntomas de inmadurez, cutrez. Cristina Pedroche hace bien rentabilizando la bobería nacional. Nada que objetar a quien, aupada por el infantilismo patrio, ha sabido ganarse la posición de carillón del carillón. Difícilmente puede reprocharse a su cadena, a sus agentes o a ella, que amarren audiencias e ingresos gracias a una expectación que retrata, y no para bien, a aquellos que participan del juego que se les propone, consistente en la delirante experiencia de vivir en directo cuánto se desnuda Cristina Pedroche. Cuánto se desnuda, sí, ese es el asunto, esa la caspa, esa la expectación. Si la presentadora se ha convertido en parte del evento no ha sido por lo que la cubre, sino por lo que descubre, y es ahí cuando sus guionistas juegan a exhumar al país reprimido que fuimos. Hemos avanzado, pero seguimos siendo una España de pedrochos, de ojos a los que, puede que poco acostumbrados a días de playas, sigue generando inquietud ver a una presentadora en biquini. Como pedrochos son quienes minutos, horas y días después de nochevieja vomitan en las redes sus frustraciones con comentarios sobre Cristina Pedroche que, en la línea donde se abraza lo civil con lo penal, nos recuerdan que, tristemente, seguimos muy lejos de la sociedad madura, educada y libre que creemos ser. La nochevieja es, efectivamente, vieja. Y, tengan la edad que tengan, aún más viejos que las liturgias televisivas de esa noche son quienes, ellos sabrán, siguen agitándose con un biquini o escupiendo en las redes sus frustraciones.

TE PUEDE INTERESAR