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Ingratos

La política canaria está presidida por la más absoluta ingratitud hacia los que han servido a su tierra desde la cosa pública. Conozco expresidentes del Gobierno de Canarias que lo están pasando mal económicamente porque los partidos no han sido capaces de legislar sobre el estatuto del expresidente. Y no hay derecho a que durante […]

La política canaria está presidida por la más absoluta ingratitud hacia los que han servido a su tierra desde la cosa pública. Conozco expresidentes del Gobierno de Canarias que lo están pasando mal económicamente porque los partidos no han sido capaces de legislar sobre el estatuto del expresidente. Y no hay derecho a que durante su mandato se hayan visto rodeados de paniaguados y de culichichis y que ahora, cuando ya no mandan un carajo, se les deje tirados en la cuneta. No ocurre en otras comunidades autónomas, donde se han legislado beneficios lógicos que se aplican a la vida de los ex mandatarios regionales, como sería lo justo. Coalición Canaria lleva mucho tiempo gobernando, pero siempre en comandita, así que no ha tenido la fuerza suficiente para proteger a sus máximos representantes en el Gobierno. Tampoco ha acometido este asunto el miedoso y desconfiado PSOE, siempre obsesionado con parecerse a la rancia izquierda y si, es posible, ser más izquierda que cualquier otra izquierda (las repeticiones son intencionadas). Aunque ustedes no lo crean, viven, ya jubilados, presidentes del Gobierno de Canarias desamparados por la administración autonómica y alguno de ellos sin más ingresos que los que les proporcionan sus amigos, incluso a regañadientes. Hay que ver lo que es la ingratitud humana, sobre todo en la esfera de la política pequeñita y ruin que se practica en España. Se tiran miles de millones a la basura y los gestores no son capaces de preservar la dignidad de quienes han dado media vida por servir a los demás, con sus aciertos y con sus errores, que unos y otros son propios de seres humanos. En fin, lo quería contar, porque lo que estoy viendo no me gusta. Hay demasiada maldad y demasiada hipocresía alrededor de mí.