TRIBUNA

La pobreza extrema se reduce en el planeta Tierra

Soy pobre, pero tengo salud. Soy rico, pero no tengo salud. Así es la vida del ser humano en el planeta tierra. No obstante, creo que ambas cosas se necesitan para vivir en este competitivo mundo. Es decir, salud y dinero. No podemos olvidar que la pobreza extrema es muy dura y si no reúnes […]

Soy pobre, pero tengo salud. Soy rico, pero no tengo salud. Así es la vida del ser humano en el planeta tierra. No obstante, creo que ambas cosas se necesitan para vivir en este competitivo mundo. Es decir, salud y dinero. No podemos olvidar que la pobreza extrema es muy dura y si no reúnes los recursos necesarios para mantener una calidad de vida aceptable también serás víctimas entre los vivos. Es cierto que el dinero no lo es todo, pero ayuda mucho para poder evitar muchas enfermedades y vivir con ciertas comodidades y calidad de vida.

Puede que vivamos en un mundo con más desigualdades económicas a nivel nacional. Pero también es cierto que vivimos en un mundo con muchísima menos pobreza a nivel global. De hecho, a pesar de todo el pesimismo y de todo el catastrofismo, estamos siendo testigos de la mayor reducción de la pobreza extrema desde que el Homo Sapiens apareció sobre la Tierra, hace unos 100.000 años.

Así lo ha dejado claro el Banco Mundial con un estudio que analiza la pobreza en el mundo. En 1990, había 1.895 millones de personas viviendo en extrema pobreza. Eso significaba que algo más de una de cada tres personas vivía con menos de un dólar diario, es decir, con 86 céntimos de euro. Veinticinco años más tarde, en 2015, su número ha caído en 1.159, hasta los 736 millones. Considerando el aumento de la población mundial que se ha producido en ese periodo, resulta que uno de cada diez habitantes del planeta se encuentra en esa situación. Ajustado a la inflación, el nivel de extrema pobreza se sitúa hoy en un dólar con 90 centavos, es decir, en un euro con 63 céntimos. La mejoría espectacular de estos índices parece en consonancia con otros, como que, por ejemplo, ésta sea la primera vez desde que existe el ser humano en la que fallecen más personas por enfermedades no contagiosas (como cáncer, diabetes, enfermedades coronarias o demencia) que por dolencias infecciosas.

La mayor caída, con diferencia, se ha producido en el Este de Asia, en particular en China, a medida que ese país ha ido abriendo y reformando su economía y adoptando el libre mercado. En 1990, había 1.000 millones de personas en esa región que vivían con menos de un dólar diario, lo que suponía nada menos que el 61,6% de los habitantes. En 2015, eran sólo 47 millones, apenas el 2%. La otra zona en la que más se ha avanzado en esa dirección es el sur de Asia – esencialmente India, Bangladesh, Sir Lanka y Pakistán -, dodne el número de pobres extremos ha descendido en 500 millones de personas. Hoy, en esos países, el 12% de la población se sitúa todavía dentro de esa categoría. En 1990, sin embargo, el porcentaje era del 47,7%.

En India, Bangladesh, Sir Lanka y Pakistán, el número de pobres extremos ha descendido en 500 millones de personas. Los avances en la reducción de la pobreza extrema se deben al cambio tecnológico, a la industrialización y, también, a la expansión del capitalismo y a la liberalización de las economías, en particular en China, Vietnam, e India. Aun así, no hay motivos para estar satisfechos, como declara el Banco Mundial. A fin de cuentas, los datos de la institución vivir con un euro y 63 céntimos diarios supone que casi 750 millones de personas tienen que vivir con 594 euros y 95 céntimos anuales. Eso supone, por poner un ejemplo, el 5,78% del Salario Mínimo Interprofesional de España, que está en los 858 euros mensuales (10.296 anuales).

El dólar con 90 centavos que constituye el límite de la pobreza extrema no es, sin embargo, lo mismo que esa cantidad en, por ejemplo, las calles de España. La institución ha llegado a esa cifra calculando la paridad de poder de compra de las divisas (PPP por sus siglas en inglés), que es un sistema que trata de medir lo que se puede comprar con esa cantidad en cada país ajustándolo al nivel de precios. Eso quiere decir que, por ejemplo, un dólar con 90 centavos en Afganistán compra muchas más cosas que un dólar con 90 centavos en EEUU. Es, precisamente, con ese sistema como el Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó en abril de este año a la conclusión de que el PIB per capita de España es más alto que el de Italia.

El progreso en la reducción de la pobreza extrema ha sido muy inferior en África donde, aunque el porcentaje de personas por debajo del umbral de los 1,90 dólares ha descendido ¬del 54% al 41% en los 25 años del estudio, la cifra absoluta ha subido, de 278 millones a más de 400. Eso se debe al aumento de la población, ya que en África la natalidad apenas está cayendo a pesar de la mejoría de los niveles de vida, en un fenómeno que sorprende a los demógrafos porque no tiene parangón con el resto del mundo, donde la subida de la riqueza y el aumento de la esperanza de vida siempre ha ido acompañada de una reducción de la fertilidad.

En el análisis del Banco Mundial hay, también, una observación que han detectado organizaciones privadas, como la Fundación Gates: hoy, la pobreza extrema se concentra en regiones en conflicto. La guerra, así pues, es en el siglo XXI, la principal causa de miseria económica.