No sé por qué, pero siempre me ha caído bien Carolina Darias. Me parece una mujer seria, que ha trabajado con dedicación, con acierto y con mucho respeto al ciudadano en los puestos para los que ha sido designada y elegida. Ahora anuncia que no seguirá, que no se presenta a las elecciones por su partido –el PSOE-, ni naturalmente por ningún otro; que vuelve a la vida normal. O al menos esta es su intención. Manejar una jaula de grillos como en ocasiones se convierten los parlamentos autonómicos no es fácil y ella lo ha hecho con mucho acierto, durante su presidencia del Parlamento de Canarias. Yo apenas conozco a Carolina, a lo mejor un par de entrevistas formales y alguna conversación aislada, en sus muchos años de política y en mis infinitos años de periodismo activo. Es que ahora hago un periodismo pasivo, en eso que llaman reposo del guerrero, aunque ya de guerrero no me queda ni el escudo. Si se confirma la noticia, lamento que Carolina se retire de la política porque ella es uno de los valores socialistas más sólidos del partido en Canarias. Porque es una persona decente y porque en el trato es cordial, una mujer inteligente y dotada de una mano izquierda que es la envidia de muchos compañeros: sabe escuchar y sabe resolver sin herir, o hiriendo lo menos posible. En fin, que perdemos a una de las buenas políticas que han sido en Canarias durante la democracia, que han actuado al servicio de los canarios y que lo han hecho con nota de sobresaliente. A lo mejor esta retirada es temporal o puede que acepte cualquier otro cargo que no se derive estrictamente de las papeletas que se depositarán en mayo en las urnas. Me da pena perder -para la política- a una persona tan valiosa y tan cabal y tan de palabra.
