el charco hondo

Descarrilados

Mejor será que encuentren un médico. La anécdota es de toda la vida, de las que escuchas desde pequeño. Incidente. Madrid. Hace falta un médico. En la residencia de estudiantes se alojaba un canario que había terminado la carrera de Medicina, sí, pero hacía poco. Lo localizan, y avisan. Es urgente. Alguien se ha desmayado junto a la puerta de la calle. Infarto. Bajada de tensión. Nadie sabe. El médico recién titulado llega con la cara desencajada, un poco a rastras, obligado, probablemente reprochándose haber estado allí en ese momento. Observa. Vuelve a observar sin arrojar pista alguna. Se rinde. Mejor será que llamen a un médico, advierte. Pasan años. Y décadas. Se encarga a una comisión parlamentaria, aquí, en Canarias, que analice el sistema de transporte en la Comunidad Autónoma. Constituida dicha comisión, la tarea que se le encomienda a sus señorías se resume en la necesidad de hacer propuestas, llegar a alguna conclusión, apostar, o descartar, dictaminar que debe hacerse esto o lo otro. Terminan. Dictaminan. Trasladan al pleno de la Cámara. Aprueban por unanimidad. ¿Qué ha dicho la comisión? Sus señorías piden un análisis riguroso del asunto que se les ha pedido analizar. Guau. Dudan del coste-beneficio de contar con trenes en Gran Canaria y Tenerife. Dudan de la oportunidad de introducirlo (el tren). O lo que es lo mismo, los diputados han venido a decir que mejor será que llamen a un médico, a diputados capaces de mojarse -y no, como así ha ocurrido, parlamentarios a los que habiéndoseles pedido un dictamen dictaminan que mejor será que dictaminen otros-. Dudar es de sabios, sí, pero cuando la duda acaba siendo el principio y el final de todo, entonces no. Si eso ocurre, dudar es más de ociosos que de sabios. Los trenes no son la solución, pero sí parte de la solución. La cuestión no es esa. El asunto es si en algún momento, a corto, medio, largo o larguísimo plazo, se podrá contar con los recursos que hacen falta; partidas que, por cierto, durante demasiadas legislaturas sí se consumieron en la alta velocidad (cosas que pasan cuando la inversión del Estado no se apoya en baremos o criterios objetivos). Para llegar a un dictamen tan vago bastaba con que sus señorías se echaran un cortadito en el bar de enfrente. Lo que han hecho es no hacer nada. Han dicho nada. Han dictaminado menos que nada. Los diputados han preferido descarrilar, cualquier cosa menos mojarse sobre el transporte guiado. Mejor será que llamen a un médico. Mejor será que llamen a diputados que tengan algo que decir.

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