tribuna

Intercambio cultural

Por Arturo Trujillo

Un acuerdo firmado recientemente por los Gobiernos de Marruecos y Canarias para establecer un intercambio cultural entre las islas y el reino alauí, que permita a ambos territorios enriquecerse de sus respectivos patrimonios culturales, me trajo a la memoria un proyecto muy similar, aunque solo a escala de nuestro archipiélago. Un proyecto que inicialmente intentó liderar el Real Casino de Tenerife -sociedad privada que ofrece en el ámbito cultural una intensa actividad, no solo para disfrute de sus socios, sino para el de la sociedad tinerfeña en general-, con el afán de integrar en él al mayor número de sociedades culturales de las islas para que, a través de un posible intercambio de conocimientos y experiencias, ayudar a enriquecer cultural e intelectualmente a quienes acuden a estas actividades.

Si hacemos caso a lo que el federalista Francisco Pi y Margall decía: “Nada hay que acerque tanto a los hombres como la cultura”, ahora como entonces es necesario que intentemos mantener viva esa llama. Sin embargo, en estos últimos años, marcados por una devastadora crisis económica y unas cifras de paro considerables, mantener este principio no ha sido, ni es, nada fácil. Porque precisa de una implicación y un esfuerzo considerables por parte de las diferentes entidades públicas y privadas que, lógicamente, tendrían que dejar a un lado las rivalidades localistas o los antagonismos que surgen de las divergencias ideológicas o de las batallas por la supremacía. Y si a esto le añadimos el hecho de que las prioridades de los gobiernos, tanto regionales como insulares y municipales, suelen concentrarse sobre todo en la aplicación de instrumentos que favorezcan el desarrollo de iniciativas de carácter socioeconómico, como las orientadas a la creación de empleo, urbanísticas, industriales y otras paliativas del ámbito social, es evidente que la demanda de actividades de tipo cultural tiene que ser cubierta por entidades público-privadas como los casinos, círculos, ateneos…

Las diferentes corrientes de pensamiento han dejado imborrables huellas en nuestra cultura, en nuestras costumbres y tradiciones, en nuestro patrimonio histórico-artístico y, en general, en nuestro modo de ser que, al fin y al cabo, constituyen nuestras propias señas de identidad. Y es el desconocimiento de la historia de cada uno de nuestros pueblos y el dañino intento de algunos nacionalismos por tergiversar esas historias, arrimando las ascuas a sus intereses ideológicos, el que obliga a las instituciones culturales de la sociedad civil, como el Real Casino de Tenerife, Gabinete Literario, Real Sociedad Económica, Círculo de Amistad XII de Enero, La Cosmológica, Ateneo de La Laguna, Circulo de Bellas Artes o Liceo Taoro, entre otras, a reflexionar junto con los organismos públicos culturales sobre la necesidad de aplicar mecanismos eficientes para el fomento de nuestra cultura, entendida en el más amplio sentido de la palabra. Y para conseguir ese objetivo, habría que intensificar esfuerzos a través de una cooperación desinteresada por parte de esas sociedades, hasta conseguir poner en marcha esa especie de intercambiador que permita una mayor interrelación cultural, en ámbitos tales como la música, la pintura, el teatro, la gastronomía, conferencias, etc., entre todas ellas. Un intercambiador cultural creado bajo el paraguas de lo que podría ser una federación canaria de círculos, gabinetes, sociedades y casinos culturales.

No es tarea fácil llegar hasta ahí. Y el camino a recorrer podría ser algo complicado. Pero el anterior presidente del Real Casino de Tenerife, José Alberto Muiños, antes de finalizar su mandato, dio un primer paso en este sentido al dejar sobre la mesa un proyecto de lo que podrían ser los primeros estatutos de esa federación. Es un compromiso adquirido por él y su junta directiva que no dio tiempo a ejecutar, pero que, de la mano del actual presidente, Miguel Cabrera, estoy seguro de que podría cristalizar.

Porque los dos, Muiños y Cabrera, saben muy bien que el éxito de un proyecto como este, de intercambio y cruce cultural a través de sociedades público-privadas, está asegurado. Y porque ambos son conscientes del beneficio que supondrá para todas las islas, en general.

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